Reflexión Evangelio San Mateo 13:36-43. Católico

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Las parábolas evangélicas son breves narraciones que Jesús utiliza para anunciar los misterios del Reino de los cielos.

En el fragmento que hoy leemos del Evangelio, el Señor explica la parábola del trigo y la cizaña, respondiendo a las preguntas de sus discípulos.

El destino de la cizaña es el horno, el destino del trigo bueno es brillar como el sol en el Reino de los Cielos.

Cizaña y trigo crecen juntos hasta el momento de la siega. Allí su destino será muy diverso el uno del otro, antes parecían recibir igual trato.

Así ocurre en el mundo. Buenos y malos conviven bajo el sol. Es un misterio que Dios permita la acción del diablo y la malicia de los pervertidores.

Muchas veces parece que a los malos sonríe la fortuna. Pero en el juicio final no será así. Allí se harán actuales las bienaventuranzas que el Señor nos ha enseñado.

Allí lo puros, los mansos, los perseguidos, los humildes, los que lloran, los que sufren en este mundo serán bienaventurados. Y ay de aquellos que gozaban en la tierra viviendo de espaldas a Dios y a sus prójimos. A estos, si no se arrepienten a tiempo, espera la condenación eterna.

Esta parábola nos llama a vivir profundamente tres virtudes: Vigilancia, Paciencia y Esperanza.

1- Vigilancia de los pensamientos y actos propios.

Es absurdo engañarnos a nosotros mismos y pretender engañar a los demás, porque a Dios no se le engaña.

No podemos ser indiferentes al llamado a la santidad. Sabemos que existe el cielo y el infierno para los que acepten o rechacen el Reino.

«Tenemos que estar preparados para custodiar la gracia recibida desde el día del Bautismo, alimentando la fe en el Señor, que impide que el mal eche raíces.» (SS. BENEDICTO XVI – ÁNGELUS – Domingo 17 de julio de 2011).

Conviene pensar todos los días en nuestras Postrimerías (nuestra Muerte, el Juicio final, el Infierno de los condenados y la Gloria de los salvos), y sobre todo en la oración de la mañana al despertarnos, a la noche antes de acostarnos, y siempre que nos sintiéremos tentados, porque este pensamiento es muy eficaz para poder escapar del pecado.

2- Paciencia frente a los actos de los prójimos alejados de Dios.

Dios castiga al perverso, pero es paciente y espera la conversión. San Agustín, observa que que «muchos primero son cizaña y luego se convierten en trigo».

Sin la paciencia todo sería destruido, el trigo bueno y la hierba mala, y el campo correría el riesgo convertirse en un desierto.

No debemos escandalizarnos ante la presencia del mal en el mundo; el mal será derrotado para siempre en la última fase del reino. En la fase inicial se trata de sembrar, en la intermedia de vigilar, sólo en la fase definitiva será tiempo de cosechar.

3- Esperanza en las promesas de Cristo.

Debemos vivir siempre en la Esperanza, que es una virtud sobrenatural, infundida por Dios en nuestra alma, y con la cual deseamos y esperamos la vida eterna que Dios ha prometido a los que le sirven, y los medios necesarios para alcanzarla.

Recordemos con San Agustín que: «Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar, te enseña a que hagas cuanto puedes, y a que pidas lo que no puedes».

A la Virgen Santa, nos encomendamos, con mucha esperanza y confianza en Dios, sabiendo que el Reino de los Cielos siempre viene, vence y se afirma, cuando el hombre se deja guiar por Dios con humildad.

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