COMENTARIO DEL EVANGELIO DE HOY

El comentario del padre Daniel al Santo Evangelio según san Mateo 8,1-4.

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Hoy el Evangelio tiene una hermosa petición que hace un leproso a Jesús:

«Señor, si quieres puedes purificarme.»

Se trata de un ruego que podríamos hacer nuestro, cada día, sabiendo que poner nuestra esperanza plenamente en Jesús transforma nuestra vida, y luego de un proceso de seguimiento, con su Gracia, puede que el finalmente nos diga:

“Quiero, queda purificado”.

Muchas veces no son oídas nuestras oraciones porque o pedimos cosas que no convienen a nuestra salvación eterna o porque no pedimos como debemos.

La oración del leproso, es una oración que reconoce el Señorío de Dios, que pide un bien temporal, en este caso la salud, pero que pide con la condición de que este pedido sea conforme a su santísima voluntad.

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Vemos entonces dos condiciones en la Oración muy importantes:

La esperanza de recibir de Dios, por medio de la oración, las gracias que necesitamos, que se funda en la promesa de Dios omnipotente, misericordioso y fidelísimo, y en los merecimientos de Jesucristo.

Las disposiciones interiores necesarias para ser oídos: es decir recogimiento, humildad, confianza, perseverancia y resignación.

Orar con recogimiento, quiere decir pensar que hablamos con Dios, por lo cual hemos de orar con todo respeto y devoción, evitando cuanto es posible las distracciones, esto es, todo pensamiento extraño a la oración.

Rezar con humildad quiere decir reconocer sinceramente la propia indignidad, impotencia y miseria, acompañando la oración con la compostura del cuerpo.

El orar con confianza quiere decir que hemos de tener firme esperanza de ser oídos, siempre que nuestro pedido sea para gloria de Dios y nuestro verdadero bien.

Pedir con perseverancia quiere decir que no hemos de cansarnos de orar, aunque Dios no nos oiga inmediatamente, sino que hemos de seguir orando con más fervor.

Orar con resignación significa que nos hemos de conformar con la voluntad de Dios, pues conoce mejor que nosotros cuánto nos es necesario para nuestra salvación eterna, aún en el caso que no sean oídas nuestras oraciones.

Dios siempre oye las oraciones bien hechas, pero siempre en el modo que El sabe que es provechoso para nuestra eterna salvación, y no siempre según nuestra voluntad.

Lo importante es siempre rezar, siempre buscar la Gracia del Señor que es la amistad con Dios, recordando que cada acto de dolor o de contrición y en cada confesión sacramental bien hecha, repara cualquier distancia que nuestros pecados hayan puesto entre nosotros y nuestro Padre Celestial.

Bendiciones