Comentario del Evangelio, San Lucas 4,1-11 CATOLICO

669

1° Domingo de Cuaresma

En este primer domingo de Cuaresma, la Iglesia repasa el momento de las tentaciones de Jesús en el desierto.

Tenemos que tomar fuerzas del Señor para saber que es posible vivir superando las tentaciones, confiando en la Gracia de Dios, perseverando en la oración y en la vida de sacramentos y formándonos en la fe para rechazar las incidias del enemigo.

En la primera tentación, el demonio le dice a Cristo que si tiene hambre convierta las piedras en panes.

Hoy también el demonio nos tienta, en el desierto de nuestra sequedad espiritual, con el sueño americano del bienestar, el tener y el gozar de la vida.

El Señor vence esta tentación contestando con la Palabra de Dios, como alimento más importante, y rechazando fuertemente la idolatría del materialismo.

También te puede interesar: Oraciones para comulgar y confesarte

La segunda tentación que el demonio hace a Jesucristo es la seducción de la popularidad, el ser reconocidos.

Satanás nos tienta con el éxito, el prestigio personal, la espectacularidad que deslumbra.

Cristo frente a esta tentación, nos llama a la sencillez.

Porque aunque sabemos que como hijos de Dios, el Señor nos va a buscar hasta el más oscuro abismo, no debemos alejarnos de su mano: «No tentarás al Señor tu Dios».

Cuando el demonio nos aceche con esta tentación debemos responderle con las palabras de la Santa madre Teresa de Calcuta: «Dios no me eligió para tener éxito, sino para ser fiel.»

En la última tentación, el demonio le dice a Jesús: “todo esto te daré si te postras y me adoras”.

Aquí el demonio ya muestra su verdadera cara, las dos primeras tentaciones, eran el anzuelo, nos ofrecía cosas, placeres, popularidad, y vanidades, pero su lucha es contra Dios.

El quiere ser el que manda, y nos quiere involucrar en su rebeldía contra Dios, es así como nos impulsa a adorar sus caminos de pecado, de rechazo a Dios, y nos ofrece un poder en la tierra.

Aquí el demonio tienta con la corrupción, con el poder, con el desprecio de la vida humana, que es desprecio primero del alma propia.

Cristo contesta con claridad: «sólo a Dios adorarás.»

El demonio se retiró, hasta la próxima oportunidad, que será en el huerto de Getsemaní, cuando Cristo estaba cargando sobre sí todos los pecados del mundo y próximo a vencer a la muerte en la Cruz.

Allí el demonio retornó a tentar al Señor en el momento de la prueba más dura tentándolo para que se rebelara al designio de redención.

También allí Cristo lo venció, con el arma más poderosa que tenemos también nosotros a nuestro alcance, con la Gracia del Señor; repetir la frase de Jesús, frente a cada prueba:

«Padre, si es posible aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

Pidamos la Gracia de recordar las palabras del Señor, y hacerlas nuestras frente a cada tentación que podamos sufrir durante esta nuestra «pascua», nuestro paso por la vida terrena, en la esperanza de la eternidad celestial junto a la Santísima Trinidad.