Comentario del Evangelio, San Marcos 8,27-33 CATOLICO

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Hoy el Santo Evangelio nos presenta la confesión de Pedro. “El les pregunta: Y ustedes, «¿Quién dice la gente que soy yo?», Pedro le contesta: Tú eres el Cristo”.

Es por eso que, ahora, decimos con Pedro: creo que el Señor ha venido para redimirme, para enseñarme el camino para llegar al cielo y tener el encuentro definitivo con Dios.

Reconozcamos junto a los Ángeles que Cristo Jesús, es el Mesías, el Salvador, y la Segunda persona de la Trinidad Divina. Digamos bien claro: Jesucristo es Dios todopoderoso.

Con el corazón sincero le pedimos que nos aumente la fe, para que todas nuestras intenciones, pensamientos y acciones estén dirigidas a rendir alabanza y servir a Dios nuestro Señor.

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Siendo humildes de corazón, y perseverantes en la Oración, dejamos que la acción de la Gracia de Dios sea eficaz en nuestras vidas.

La oración personal con el Señor es la escuela por la que nos lleva el Espíritu de Dios a la santidad, si dejamos mansamente obrar a Dios en nuestras vidas.

No olvidemos nunca que la oración nos lleva a la escucha, que es el reconocimiento de Dios, al dialogo con Él.

Para ello, la humildad es la base, como nos enseña el Catecismo (2559). Porque aún escuchando la voz de Dios, es la humildad del publicano la que agrada a Dios, y no la actitud del Fariseo.

Pidamos la gracia al Padre, de saber rezar y saber escuchar, y asimismo pidámosle que, como decía el Santo Cura de Ars, «nunca pequemos de orgullo por saber rezarle bien al buen Dios.»