El relativismo crucifica a Jesús. La visión de Benedicto XVI

Benedicto XVI, ilumina para nosotros, los límites entre libertad y subjetivismo relativista intolerante.

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LA LEY DE DIOS NO CAMBIA

En repetidas ocasiones el Papa emérito Benedicto XVI, denunció la dictadura del relativismo.

Reproducimos sus principales enseñanzas sobre el tema:

El relativismo es una forma de pensamiento que se impone hoy, y que podríamos vagamente definir como la teoría según la cual “todas las opiniones son verdaderas (aunque sean contrapuestas)”

El relativismo se ha convertido en la nueva expresión de la intolerancia.

Hoy realmente se da una dominación del relativismo. Quien no es relativista parecería que es alguien intolerante.

Pensar que se puede comprender la verdad esencial de Cristo, es visto ya como algo intolerante.

Pero en realidad los intolerantes son lo que defienden este relativismo, y pretenden prohibir la verdad de Cristo. Esto reduce las cosas esenciales de la vida humana al subjetivismo.

De este modo, en las cosas esenciales ya no tendremos una visión común. Cada uno podría y debería decidir como puede y como le parece.

Perdemos así los fundamentos éticos de nuestra vida común.

Cristo es totalmente diferente a todos los fundadores de otras religiones, y no puede ser reducido a un Buda, o a un Sócrates, o un Confucio.

Es realmente el puente entre el cielo y la tierra, la luz de la verdad que se nos ha aparecido.

El don de conocer a Jesús no significa que no haya fragmentos importantes de verdad en otras religiones.

A la luz de Cristo, y desde su misterio, podemos llevar un diálogo fecundo con otras religiones.

Es Cristo el punto de referencia en el que podemos ver cómo todos estos fragmentos de verdad contribuyen a una profundización de nuestra propia fe y a una auténtica comunión espiritual de la humanidad.

Es importante, ante todo, conocer la Sagrada Escritura, el testimonio vivo de los Evangelios, para escuchar la auténtica voz de Dios.

También son muy importantes los grandes concilios, sobre todo el Concilio de Calcedonia, así como los sucesivos Concilios que aclararon el significado del Credo, de esa gran fórmula sobre Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Especialmente sugiero profundizar en el misterio pascual: conocer este misterio del sufrimiento y de la resurrección del Señor y de este modo conocer qué es la Redención.

La novedad de que Dios, en la persona de Jesús, sufre, lleva nuestros sufrimientos, comparte nuestra vida, y de este modo crea el paso a la auténtica vida en la Resurrección.

Cristo me conoce, y se ha entregado por mí, y está presente para ayudarme y guiarme.

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En la escuela católica tiene que darse una formación fundamental en las cuestiones de la fe y un diálogo entre profesores y estudiantes para que juntos puedan comprender la misión de un católico en nuestro mundo.

En el contexto del mundo de hoy, con su relativismo, con una oposición profunda a la fe de la Iglesia en muchas partes del mundo, con ideología agnóstica, atea, la pérdida de la identidad de la fe tiene lugar con facilidad.

No toda novedad es buena. Tenemos que ayudar a distinguir auténticas novedades, auténticos progresos, de otros pasos que implican una pérdida de identidad de la fe.

Vemos que hoy no se educa a las nuevas generaciones en la búsqueda de la verdad y del sentido profundo de la existencia que supere lo contingente, en la estabilidad de los afectos, en la confianza.

Al contrario: hoy el relativismo lleva a no tener puntos firmes. Hay tantas rupturas, en las relaciones humanas, porque las relaciones se basan en la sospecha y la informalidad.

Hoy la vida se vive en el marco de experimentos que duran poco, sin asumir responsabilidades.

Los creyentes mismos están expuestos a estos peligros que afrontamos en la transmisión de la fe. A dejarse llevar por este relativismo, por el escepticismo, por una manera de creer, que no cree, que no acepta el misterio de Dios que se revela.

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