Oración a San Antonio contra el demonio

La Oración a San Antonio abad, el monje del desierto que siendo tentado tantas veces por el demonio, lo venció por la gracia del Señor Jesucristo.

8099
ORACIÓN A SAN ANTONIO ABAD CONTRA EL DEMONIO

Oración al monje del desierto para liberarnos del demonio.

Oh glorioso San Antonio Abad, que por seguir fielmente a Jesús, renunciaste a todas las riquezas humanas y abrazaste voluntariamente la pobreza evangélica, enséñanos a despegar nuestro corazón de los bienes terrenos para no convertirnos sus esclavos.

Tu que viviste en el ardiente amor a Dios y al prójimo, superando cada egoísmo, consíguenos el don de practicar la verdadera caridad y de tener el corazón abierto a todas las necesidades de nuestros hermanos.

Tú que obtuviste de Dios la especial virtud de liberar el aire, la tierra, el fuego y los animales de de toda enfermedad y de toda influencia maléfica, intercede para que nosotros vivamos una santa vida en imitación de Cristo para esto nos confiamos a tu poderoso patrocinio, recibiendo copiosamente tus bendiciones sobre todo lo que necesitamos para nuestros cuerpos y almas.

Consíguenos del Señor la gracia de de salir siempre victoriosos en el duro enfrentamiento con el poder de las tinieblas y la fuerza contra las insidias del maligno.

Haz que, libres de todo compromiso con el mal, nos volvamos ricos de Dios, único bien nuestro.

Amen!

Conoce la vida de san Antonio Abad:

Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.

Habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior «los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres.

Pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de estos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio:

Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo».

Entonces Antonio, como si Dios le hubiese infundido el recuerdo de lo que habían hecho los santos y con aquellas palabras hubiesen sido leídas especialmente para él, salió en seguida de la iglesia e hizo donación a los aldeanos de las posesiones heredadas de sus padres (tenía trescientas parcelas fértiles y muy hermosas), con el fin de evitar toda inquietud para sí y para su hermana.

Vendió también todos sus bienes muebles y repartió entre los pobres la considerable cantidad resultante de esta venta, reservando sólo una pequeña parte para su hermana.

Habiendo vuelto a entrar en la iglesia, oyó aquellas palabras del Señor en el Evangelio: «No os agobiéis por el mañana».

Saliendo otra vez, dio a los necesitados incluso lo poco que se había reservado, ya que no soportaba que quedase su poder ni la más mínima cantidad.

Encomendó su hermana a unas vírgenes que él sabía eran de confianza y cuidó de que recibiese una conveniente educación; en cuanto a él, a partir de entonces, libre ya de cuidados ajenos, emprendió en frente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.

Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura:

«El que no trabaja que no coma; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres.»

Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para ser constantes en orar: en efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que había leído, hasta tal punto que llego un momento en que su memoria suplía los libros.

Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here