ORACION CONTRA EL ORGULLO

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Las letanías de la humildad son una poderosa arma para luchar contra el diablo.

Fueron escritas por el Cardenal español Rafael Merry del Val (1865-1930), las rezamos a continuación:

“Revestíos todos de humildad en vuestras mutuas relaciones, pues Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes” (1Ped 5-5)

Jesús manso y humilde de Corazón, Óyeme!

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame Jesús…

Del deseo de ser alabado,líbrame Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame Jesús

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame Jesús.

Del temor de ser humillado, líbrame Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame Jesús.

Que otros sean más amados que yo, Jesús dame la gracia de desearlo.

Que otros sean más estimados que yo, Jesús dame la gracia de desearlo

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse, Jesús dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso, Jesús dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil, Jesús dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo, Jesús dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda, Jesús dame la gracia de desearlo.

La conciencia de mi nada, y el amor a ella, concédeme, oh Jesús!

La perpetua memoria de mis pecados, concédeme, oh Jesús!

El desprecio de toda vanidad,concédeme, oh Jesús!

La pura intención de servir a Dios, concédeme, oh Jesús!

La perfecta sumisión a la voluntad de Dios, concédeme, oh Jesús!

El verdadero espíritu de compunción, concédeme, oh Jesús!

La obediencia sin reservas a mis superiores, concédeme, oh Jesús!

El odio santo a cada envidia y celos, concédeme, oh Jesús!

El perdonar prontamente a los que me ofendan, concédeme, oh Jesús!

La prudencia de callar en las cosas ajenas, concédeme, oh Jesús!

La paz y la caridad con todos, concédeme, oh Jesús!

El ardiente deseo de desprecio y humillación y de ser tratado como Tú lo fuiste en la tierra, y la gracia de saber acoger todo esto santamente, concédeme, oh Jesús!

Oh María, Reina, Madre, Maestra de los humildes, ruega por mí.

Oh todos los justos, santificados especialmente por el espíritu de humildad, rueguen por mí.

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio.

Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de Ti en el cielo.

Amén.

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1 Comentario

  1. El legado que nuestro Padre Celestial, nos da esta maravillosa súplica es la gracia generosa de ser humilde con nosotros y con nuestros semejantes.

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