ORACION DE LA NOCHE A LA VIRGEN MARIA

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Cuando vence la luna al sol y, la noche invita a la calma, nuestro cansancio se pone en tus manos  MARIA.

Cuando el descanso nos lleva a la reflexión y la oscuridad a la quietud de la noche
todo ello, lo dejamos bajo tu rostro: MARIA.

Cuando cerramos las puertas y atrás quedan luchas y fatigas, decepciones y sufrimientos
buscamos en el silencio a una figura: eres tu MARIA.

Cuando hemos caminado sin obtener demasiado fruto y las luchas nos han dejado extenuados, buscamos la fuerza de Dios, con alguien que vive a su lado: MARIA.

Cuando pensamos que todo ha acabado, que todos los días son iguales y que no merecen la pena ser vividos, buscamos un reconstituyente de esperanza: tu eres MARIA.

Déjanos, Madre y Virgen, antes de caer en el dulce sueño, poner en tus manos lo que, en esta mañana, quisimos fuera sincera realidad:

Si no estuvimos a la altura….perdón, Señor
Si olvidamos tu presencia….perdón, Señor
Si no crecimos en honestidad….perdón, Señor
Si, la fe y la esperanza, no las cuidamos….perdón, Señor.

María, mientras dormimos te pedimos que veles nuestro sueño que inclines tu rostro de Madre sobre nosotros tus hijos y que, mañana cuando despertemos, Dios nos dé otra oportunidad para seguir siendo  amigos de Jesús.

Amén.

Consejos de San Pío X, para antes de dormir:

A la noche, antes de acostarme, puesto en la presencia de Dios, rezaré devotamente las mismas oraciones que a la mañana(el Padrenuestro, Avemaría, Credo, y los actos de Fe, Esperanza y Caridad), haré un breve examen de conciencia y pediré perdón a Dios de los pecados cometidos aquel día.

Antes de dormirme haré la señal de la santa Cruz, pensaré que puedo morir aquella noche y le entregaré a Dios el corazón, diciéndole:

«Señor y Dios mío, yo te entrego todo mi corazón; Santísima Trinidad, dadme gracia para bien vivir y para bien morir; Jesús, José y María, en vuestras manos encomiendo el alma mía.»

Ponernos en manos de María es ponernos en manos seguras, recemos diarimente a la Madre de Dios, y hagamos crecer más y más en nosotros la devoción a la Santísima Virgen, nuestra abogada ante su Divino hijo Jesucristo.

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