Comentario del Evangelio, San Lucas 15,1-10 CATOLICO

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“Va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla”

¡Muy buen día!

El fragmento del Evangelio que leemos hoy, nos presenta dos relatos plenos de alegría, en las parábolas de la misericordia del evangelio de san Lucas.

Como todas las parábolas buscan enseñar, movilizando interiormente a quienes la escuchan.

En esta ocasión, los fariseos y los escribas murmuran nuevamente por la cercanía de Jesús a los pecadores.

Las enseñanzas que nos dejara la Buena Noticia de hoy deja de manifiesto, como la visión de la fe y la salvación de esas castas judías, era incapaz de entender la misericordia, porque partía del presupuesto de que Dios no puede amar a sus hijos si estos son pecadores.

Jesús busca, mostrar que Dios es el Padre de la Misericordia; Él, Palabra viva del Padre, muestra con su vida cómo Dios sale en busca de sus hijos extraviados y al encontrarlos experimenta una profunda alegría.

Las parábolas nos hacen ver que la lógica divina es distinta a la nuestra, porque su amor es, como dijo San Agustín, un amor sin medida, un Amor sin límites.

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Es revelador lo escrito sobre el tema por el Cardenal Van Thuan:

“Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizá lo hubieran suspendido. (…) Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve, ¡y quizá incluso más! ¿Quién aceptaría esto?

Pero su misericordia se extiende de generación en generación. Cuando se trata de salvar una oveja descarriada, Jesús no se deja desanimar por ningún riesgo, por ningún esfuerzo.

¡Contemplemos sus acciones llenas de compasión cuando se sienta junto al pozo de Jacob y dialoga con la samaritana, o bien cuando quiere detenerse en casa de Zaqueo! ¡Qué sencillez sin cálculo, qué amor por los pecadores!” (Extraído del libro Testigos de esperanza de F.X. Nguyen Van Thuan).

Jesús, frente a los muchos problemas que experimentamos en la vida, sale a nuestro encuentro. El nos conoce y sabe como en algún momento, hemos pasado, estamos pasando o pasaremos por momentos amargos y de alejamiento de la fe o “despiste”.

Como discípulos de Jesús, nosotros también debemos salir a buscar a nuestros hermanos que están dispersos, también a los que aún no conocen a Dios, a los que se han peleado con Él y no quieren volver al redil, a esos hermanos nuestros que viven en sombras de muerte, porque necesitan encontrarse con el amor de Dios para que su vida tenga sentido.

Que el Señor nos conceda ser imitadores de la misericordia de Dios, porque personalmente la hemos experimentado. Bendiciones.

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