El mayor engaño del diablo

Hacernos pensar que no existe.

1896
¿EL DIABLO NO EXISTE?

Hechos de los apóstoles, capítulo 10, versículo 38:

«Vosotros sabeís cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo…»

¿Por qué hoy muchos dicen que no existe el demonio?

Hay un miedo o resistencia a hablar del tema, una defensa psicológica que lleva a mucha gente a evitar el tema, a negar la existencia del diablo y hasta a ridiculizar a los que les dicen que si existe.

Muchas veces se trata de una falta de formación, o lamentablemente, una mala formación, ya que no son pocos los teólogos y sacerdotes que niegan que el demonio exista, desde una falta de fe en el carácter inspirado de la Sagrada escritura, en la tradición de la Iglesia y en el testimonio de sus santos.

Otras veces, quien niega la existencia del demonio y del infierno, es alguien que no vive según los mandamientos y aunque los conoce, ni siquiera se lo propone.

Entonces, en esta negación, busca la quietud que no encuentra la persona, que así se engaña a sí mismo, por su falta de mansedumbre a la Gracia de Dios, osea por seguir las insidias del demonio.

Reza el poderoso exorcismo de la MEDALLA DE SAN BENITO aquí

¿Es Satanás una persona o un mero símbolo del mal?

El Nuevo Testamento habla del demonio 511 veces.

El capítulo 8 del evangelio de San Juan, Cristo lo considera una persona; le llama Príncipe de este mundo, Padre de la mentira y Homicida desde el principio.

Jesucristo, cuando hace exorcismos, lo trata como una persona: «Sal de ahí, yo te lo digo, Satanás: sal de ahí», y le llama personalmente Satanás.

Además, aparece realmente como el enemigo personal del Reino de Dios que Cristo quiere instaurar. El enemigo de este Reino no son las legiones romanas. Jesucristo no dice: «El Reino de Dios ya ha llegado porque empiezan a marcharse los romanos», en cambio SI dice: «si yo expulso a los demonios con el dedo de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado.»

Jesucristo, se presenta a sí mismo, en una parábola, como el más fuerte, que le quita el poder al que era «fuerte», a aquel príncipe de este mundo que reinaba desde la oscuridad. Cristo trae la luz, y nos libera de sus cadenas de muerte.

Jesucristo, en un párrafo estremecedor del evangelio de San Juan, dice: «Ahora el príncipe de este mundo es echado fuera. Cuando yo sea levantado hacia lo alto, atraeré a todos hacia mí.»

Cristo, pues, sabe que tiene que librar una batalla personal con el demonio, que comienza con las tentaciones en el desierto, con las que el demonio quiere desviar a Cristo del camino de obediencia que le lleva a la Cruz, sometiéndolo a las tres tentaciones, y esa lucha durará hasta la Pasión.

Por eso San Lucas dice, en el capítulo 4 de su evangelio, que el demonio, luego de las tentaciones en el desierto, dejó a Jesús hasta otra oportunidad, que sería luego, cuando Jesucristo se encontró en la oración de Getsemaní, en las horas previas a su pasión, donde el Señor vence al demonio con su oración :»Si es posible Padre, aparta de mí este caliz, PERO QUE NO SE HAGA MI VOLUNTAD SINO LA TUYA».

En el Evangelio el demonio aparece como el opositor del Reino que Cristo quiere instaurar, aquel que puede perdernos; no interesa ni su número, ni sus nombres: sólo se le da el nombre de Satanás.

¿Qué dice la Iglesia católica sobre el demonio?

La existencia del demonio es dogma de fe definido por el Concilio Lateranense IV, en el año 1215, respondiendo a la oposición de los herejes cátaros y albigenses, del sur de Francia, quienes partiendo de una idea «maniquea», creían en un principio absoluto del bien y un principio absoluto del mal.

El Concilio lo desmiente, y define que el demonio no es un principio absoluto, sino una criatura limitada creada por Dios, que, por su mala voluntad, se rebeló contra Él.

Lo importante de esta verdad es que se encuentra en la Sagrada Escritura y en la Tradición, y hay en ella una verdad de fe divina, que debe ser tenida por tal, y creída sin discusión.

Negar que existe el demonio es contradecir lo que dice la Biblia. Y significa:

O negar la existencia de seres puramente espirituales

O negar la libertad suprema con que Dios ha dotado al ser humano y a los seres espirituales, y que es la consecuencia del Amor.

Los seres espirituales si existen

Los seres espirituales, son entes de espíritu puro. No tienen cuerpo y si los representamos como ángeles con alas, o demonios con cola y tridente, y así les damos forma corpórea, es sólo para facilitarnos la comprensión. Pero ellos realmente no tienen cuerpo.

Para tener una experiencia del plano en que actúan estos seres, basta haber pasado por la tribulación y ser conscientes de las tentaciones y consolaciones recibidas.

El demonio será aquél que en nuestra mente y nuestra alma traiga todo tipo de pensamientos tristes, de desesperación y nos incite a apartarnos de los caminos de Dios.

Los ángeles del Señor, los que porten pensamientos alegres y optimistas, que nos impulsen al bien, a seguir los caminos de Dios.

Tanto los seres humanos como los seres espirituales gozan del don de la libertad:

Dios en su amor por la criatura humana, la dotó de libertad, sabiendo que esta podía llevar al hombre incluso a la libertad de rechazarlo. Es que para que amemos verdaderamente, tenemos que poder elegir, sino hay libertad no hay verdadero amor.

Ese don que Dios nos dio, lo compartimos con los seres espirituales.

Así en la sagrada escritura, concretamente en el apocalipsis, podemos ver como Lucifer, rechazó su filiación divina, rebelándose contra nuestro creador.

Reza la Poderosa Oración a San Benito aquí

¿Por qué tantos sacerdotes hablan poco del demonio?

 

En muchos casos podemos decir que se habla poco, o nada del tema, por ignorancia. Ya que la formación de cada vez más seminarios, se ha dejado contaminar por una visión moderna que pone en duda todos los contenidos de la sagrada escritura, y los estudia desde un criterio de duda que todo lo quiere ver para creer.

Además hay miedo, una especie de complejo ante el mundo actual, pensando que si nosotros seguimos hablando del demonio, nos van a decir que ése es un lenguaje mítico, y nos van a rechazar por antiguos.

Pero, el Magisterio actual ha hablado muchísimo del demonio: el Concilio Vaticano II habla 18 veces del demonio, en unos textos que realmente estremecen, como cuando dice, por ejemplo, que en el bautismo hemos sido arrancados de la esclavitud del Maligno para vivir en la libertad de los hijos de Dios, siguiendo textos de la Tradición de la Iglesia.

Pablo VI se hizo esta pregunta, el día 29 de junio de 1972, en la basílica de San Pedro: ¿qué pasa en la Iglesia, que estamos inmersos en una tremenda confusión? Esto es el humo de Satanás que ha entrado en la Iglesia, respondió.

Todos los periódicos ridiculizaron la figura del Papa, salían caricaturas de demonios con cuernos y tridentes. Pablo VI, que era un hombre tímido, sufrió muchísimo.

También podemos recordar una oración que hace años atrás se rezaba después de la misa pidiéndole a san Miguel Arcángel que nos librara de las asechanzas del demonio.

Esa oración, la introdujo León XIII como consecuencia de una visión que tuvo haciendo la acción de gracias después de la misa, según la cual habría un tiempo en que el demonio entraría en la Iglesia y sembraría la confusión.

Reza la Oración del Papa San León XIII a SAN MIGUEL ARCÁNGEL, aguí

El Catecismo de la Iglesia católica, al comentar las peticiones del Padrenuestro, interpreta la frase líbranos del mal, como líbranos del Maligno.

Muchos que se empeñan en negar el demonio, el infierno y la posibilidad de condenación, lo hacen para consciente o inconscientemente, no afrontar el dilema de las consecuencias de su falta de fe o del relativismo de su fe.

Hay dos errores igual de graves al tratar el tema. Decir que el demonio no existe. O tener un interés excesivo en el tema y estar hablando siempre de él. De las dos maneras le damos el gusto al demonio.

Debemos encontrar un justo medio, creyendo en las escrituras que nos hablan de su existencia, pero teniendo fija nuestra mirada en Cristo.

¿Qué nos dicen los Santos al respecto?

No hay ninguna vida de un santo, absolutamente ninguna (podríamos citar a santa Teresa, al Santo Cura de Ars, al Padre Pío) en que no haya habido una lucha personal contra el demonio.

En la vida espiritual de cada persona cristiana, aunque no tenga visiones del demonio, hay un combate espiritual contra el Maligno, como lo tuvo Cristo desde el principio.

Dijo el Papa emérito Benedicto XVI, que fue el cristianismo el que quitó el miedo a los demonios, porque el cristianismo presenta la figura del demonio como una realidad, una persona, limitada, que tiene un poder limitado y que ha sido vencida por Cristo en la Cruz.

El cristiano no tiene por qué tener miedo. Ahora bien, en la medida en que se pierde la fe en Cristo, vuelve el miedo a los demonios.

Y en el mundo hoy hay una especie de miedo mezclado con morbo, con curiosidad. Es curioso que, a veces, las verdades ya lo dice la Escritura no nos las debemos a nosotros: Dios puede sacar hijos de Abraham de las piedras.

Si hay miedo a la verdad, efectivamente hay morbo y todas las degeneraciones. Y la verdad es la que nos hace libres.

¿Cómo puede ser que Dios haya creado al demonio?

San Agustín nos enseña que el mal es una desproporción del bien. Dios lo crea bueno, pero se hace malo. Es el uso de la libertad, el bueno, o el malo.

La existencia de los ángeles, es un Dogma de Fe, el que algunos de esos rechazaran a Dios, es un Dogma de Fe, el que existe infierno, y que hay condena, es un Dogma de Fe. Todo esto viene del Amor, porque ya dijimos, sin libertad no hay amor, pero la libertad también significa la opción de decir no.

Dios no condena a nadie, pero el que le dice no hasta el final, es el sólo el que se ha condenado. Es cómo el alumno que va a rendir un exámen, pero elige usar su tiempo para otra cosa y no estudiar. El profesor no lo reprueba, sino que el alumno sólo se reprueba, el profesor lo único que hace es constatar que el alumno no estudió.

Luego está el papel en el plan divino que a cada uno toca. San Agustín también nos dice que Dios con razón había dado al demonio un poder sobre la humanidad caída.

La humanidad tenía que ser liberada con justicia: de ahí la función de Cristo, sobre el cual el demonio no podía tener derechos, por estar libre de pecado.

¿Qué decir cuando son los mismos católicos practicantes, y hasta sacerdotes los que nos niegan la existencia del demonio?

Debemos contestarles que el evangelio está inspirado por el Espíritu Santo en su integridad. Que la única manera de comprender a Jesús es desde la lectura de fe de los Evangelios.

Si cualquier desde su razón finita, va a desmentir al mismo Cristo, nuestra fe estaría construida sobre la arena del subjetivismo. Nuestro Padre Dios nos ama demasiado para permitir eso.

El Espíritu de Dios no se contradice a si mismo. El santificó su Iglesia con su Gracia, y la Iglesia porta la tradición, por medio de la Iglesia se hizo la recopilación de las sagradas escrituras.

Además, Dios dotó con su Espíritu en mayor grado a los pontífices para que nos guíen con el magisterio, y estos durante 2.000 años de Iglesia han hablado de todas las realidades que en este artículo hemos tratado.

Todo ello nos convence de la existencia del demonio. No para darle fuerza, sino por el contrario. Lo que lo debilita es saber que está, que nos quiere perder, pero que junto a la Cruz de Cristo no tenemos nada que temer.

La existencia del demonio nos recuerda que tanto los seres espirituales, como nosotros mismos, podemos cometer el grave error de decirle no al Amor gratuito de Dios.

Creer en los dogmas es clara señal de humildad. No hacerlo es rechazar a la Iglesia, a la tradición, al magisterio, y por tanto al Espíritu Santo.

Luego el querer elegir «a la carta» en que parte de la Biblia creer y en que parte no, es ser agente inconscientemente, del demonio del relativismo, que nos quiere en esta postura, de cuestionar todo lo sagrado, y creernos supremos intérpretes de la verdad.

Dios nos de la Gracia de no olvidar nunca esto, y poder iluminar a nuestros prójimos con la Palabra del Señor que da la vida y que nos alerta a permanecer siempre en Cristo.

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2 Comentarios

  1. Excelente artículo, así es , hemos caído en una falsa realidad de la no existencia del maligno y es muy peligroso, en la medida que el ser humano se aleje de Dios, el maligno aparece con ideas y placeres fáciles, pero después traiciona y cobra robando la felicidad y la salvación del alma, El único puente para la salvación es Jesucristo, y todo puente sin barandas es muy peligroso por las tentaciones, por eso hacen la función de guiarnos la Virgen Maria y todos los Santos, El sacerdote Gabrielli Amorth en sus libros sobre el exorcismo nos relata muchos casos del maligno como es su actuar, libros como El Ultimo Exorcista ,o el libro Mas Fuerte Que El Mal , son una clara forma de validar la existencia del maligno.

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