Comentario del Evangelio,San Lucas 11,42-46 CATOLICO

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¡Ay de ustedes fariseos y doctores de la ley!

Buen día.

Los escribas y fariseos eran expertos en la ley; les imponían a los demás mil y una cargas de la ley ceremonial, pero ellos no las cumplían, porque eran expertos en eximirse de ellas, con argumentos y excusas rebuscadas e incoherentes.

A tal punto llegaba su extremismo, el rigor y el sin sentido que por ejemplo el sábado no se podía hacer nudos, pero la mujer podía atarse el cinto y si debía atar el cubo para sacar agua del pozo, se ataba con el cinturón de una mujer y en santa paz.

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Es imposible imaginar que Dios impusiera leyes semejantes y que estas fueran un deber religioso. Por ello, no sorprende que Jesús les recriminara a los escribas y que ellos lo consideraran impío.

El Santo Padre nos dice que “el mundo tiene necesidad de hombres y mujeres no cerrados, sino llenos de Espíritu Santo.

El estar cerrados al Espíritu Santo no es solamente falta de libertad, sino también pecado. Existen muchos modos de cerrarse al Espíritu Santo.

En el egoísmo del propio interés, en el legalismo rígido – como la actitud de los doctores de la ley que Jesús llama hipócritas -, en la falta de memoria de todo aquello que Jesús ha enseñado, en el vivir la vida cristiana no como servicio sino como interés personal, entre otras cosas” (Francisco, 24-V-2015).

Descubrimos a cada paso que la sociedad que vivimos ansía el amor, la fe y la esperanza de los discípulos de Cristo.

Es el mundo que nos invita a no pensar en nosotros para entregarles los dones del Espíritu: “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí”.

Esta fuerza del Espíritu Santo es la que nos permite vivir la fe genuina y operante en caridad que difunda la paz a nuestro alrededor.

Bendiciones.