Comentario del Evangelio, San Lucas 11,37-41 CATOLICO

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Purifican por fuera … y por dentro están llenos de voracidad y perfidia. ¡Insensatos!

Este fariseo que invita a comer a Jesús se sorprende de que Jesús no se lavara las manos antes de comer.

Esta costumbre estaba establecida por las leyes ceremoniales y se tenían que cuidar hasta en los detalles más insignificantes.

Para el fariseo, el omitir el más mínimo de estos detalles era pecado y Jesús, trata entonces a los fariseos de insensatos.

Lo que Cristo subraya entonces, es que si tuvieran el mismo cuidado en mantener limpio el corazón como en limpiarse las manos, serían mejores personas.

Los fariseos sobresalían en limitarse a lo externo y mientras se cumpliera eso, lo demás no importaba.

Ellos podían tener el corazón más negro que una chimenea, absolutamente falto de caridad y equidad, pero, si cumplían con los detalles rituales, creían que eran buenos y santos a los ojos de Dios.

Así su religiosidad se restringía a los detalles.

Si nos ponemos a pensar comparado con el amor, la amabilidad, la equidad y la generosidad, el lavarse las manos con meticulosidad y el pagar los diezmos con exactitud matemática son detalles pequeños, «pecata minuta».También te puede interesar: LA ORACIÓN PARA PEDIR 3 GRACIAS A LA VIRGEN NIÑA
Dice Francisco que el llamamiento del Señor a la conversión que:

“No se reduce a formas exteriores o a vagos propósitos, sino que implica y transforma toda la existencia a partir del centro de la persona, desde la conciencia.

Estamos invitados a emprender un camino en el cual, desafiando la rutina, nos esforzamos por abrir los ojos y los oídos, pero sobre todo, abrir el corazón, para ir más allá de nuestro “huertecito”.

Abrirse a Dios y a los hermanos. Sabemos que este mundo cada vez más artificial nos hace vivir en una cultura del “hacer”, de lo “útil”, donde sin darnos cuenta excluimos a Dios de nuestro horizonte.

Pero excluimos también el horizonte mismo. Hay que “espabilarnos”, recordando que somos creaturas, sencillamente que no somos Dios.

Cuando veo en el pequeño ambiente cotidiano algunas luchas de poder por ocupar sitios, pienso: esta gente juega a ser Dios creador. Aún no se han dado cuenta de que no son Dios” (Francisco, 5-III-2014).

Pidamos hoy al Señor ayuda para luchar contra la hipocresía, señal clara de amor propio y soberbia.

Pidámoslo también para nuestras comunidades porque, a veces, se pierde el tiempo en pequeñeces y se olvida el fundamento del amor y se deja de llevar la suprema misión de llevar con brío el Evangelio.

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