ORACION POR LA SALUD A SAN LUIS BELTRAN

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ORACION POR LA SALUD A SAN LUIS BELTRAN
ORACION POR LA SALUD A SAN LUIS BELTRAN


San Luis Beltrán alma virtuosa del Señor, en este día pedimos tu intercesión. Ruega a Dios para que limpie nuestros cuerpos y nuestras almas de toda enfermedad, de toda dolencia.

Y si debemos padecerlas te pido que fortalezcas nuestra fe, para que podamos dar testimonio del amor de nuestro Señor Jesucristo que en la cruz soportó el mayor dolor para la salvación de nuestras almas, para que creamos en la vida que vendrá y seamos ahora la semilla de trigo que muere para dar fruto.

Protege a todos nuestros seres queridos, y haz que ungidos por tus virtudes iniciemos a recorrer este camino de vida con tu luz y nos conduzca directamente al cielo. Para alabar y glorificar a Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

LA VIDA DE SAN LUIS BELTRAN

Nació en Valencia, España, en 1526. Tuvo el honor de que la ordenación sacerdotal se la confiriera santo Tomás de Villanueva. Y a estos grandes hombres de Dios los imitó siendo extremadamente humilde, y practicando la obediencia en grado heroico.

Santa Teresa le escribió preguntándole si debía fundar un convento en su ciudad. Nuestro santo le respondió: «El asunto sobre el cual me pide información es tan importante que me dediqué por varios días a pedirle a Nuestro Señor que me iluminara lo que le debía responder. Ahora le digo que sí, que lo debe fundar. Y le añado una noticia más: su comunidad va a ser tan ayudada por Dios, que dentro de cincuenta años será una de las más importantes en la Iglesia Católica». Y así sucedió.

Para librarse del deseo de sobresalir ante los demás, colocó en la puerta de su habitación un gran letrero con esta frase de San Pablo: «Si lo que busco es agradar a la gente, ya no seré servidor de Cristo».

En 1562 fue enviado como misionero a las tribus de indios en el norte de Colombia. Cuando llegó no sabía hablar sino el español, pero Dios le concedió el don de lenguas y en poco tiempo aprendió a hablar en los idiomas de sus indígenas, de una manera tan admirable que nadie se explicaba cómo lo había logrado. En casi siete años (de 1562 a 1569) convirtió miles de indios desde Panamá hasta el Golfo de Urabá, en regiones palúdicas y llenas de toda clase de mosquitos y de alimañas peligrosas. En los registros que dejó escritos por su propia mano señala que bautizó más de 15,000 indios. Predicó a tribus sumamente salvajes que varias veces trataron de asesinarlo pero no lo lograron.

En 1569 fue llamado a España a seguir formando los futuros misioneros. A estos les insistía en que el arma más poderosa para ganar almas es rezar mucho y hacer sacrificios. Y les repetía que las buenas palabras del que enseña religión deben ir siempre acompañadas de buenas obras, porque si con el mal ejemplo destruimos lo bueno que sembramos con la predicación, eso es fatal.

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