7 categorías de Herodes modernos

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7 categorías de Herodes modernos, sus vicios y pecados

La palabra Herodes, rápidamente nos significa crueldad, tiranía, amor desmedido por el poder humano, vanidad, lujuria.

Son cuatro los Herodes que nombra el Nuevo Testamento, de ellos, dos con especial relevancia.

El primero en el tiempo y en el Nuevo Testamento es Herodes llamado «el Grande», quien mandó a matar a los inocentes, por temor al niño mesías nacido en Belén.

A la muerte de Herodes el Grande, se reparten el reino cuatro de sus hijos supervivientes (Herodes «el Grande» había hecho asesinar a por lo menos, otros cuatro de sus hijos), y Herodes Antipas, hereda la Galilea en la que Jesús pasa su infancia y realiza la mayor parte de su ministerio.

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Este Herodes Antipas, fue quien por pedido de su adúltera mujer, la esposa de su hermano, mandó cortar la cabeza a San Juan el Bautista. Y fue el mismo a quien Pilatos mandó a Jesús en el Viernes Santo.

Herodes encarna en sí mismo todos los pecados capitales.

Es el opuesto de San Juan el bautista. Porque lo que Herodes amaba (poder, lujuria, vanidad), Juan lo despreciaba; y lo que Juan amaba (Dios y su voluntad; la sencillez y humildad para no ser un obstáculo para la manifestación de Dios), Herodes lo aborrecía y temía.

Podemos hablar de 7 características negativas de Herodes, que se contrastan con las 7 correspondientes virtudes de San Juan Bautista, y reflexionar sobre estas mismas, en las guías y gestores del bien común:

1- EL ENVIDIOSO:

Herodes el Grande, no deseaba que nadie opacara su poder.

Por ello frente a la profecía, acerca del nacimiento del Mesías, su corazón se llena de maldad, y obra con toda contundencia para quitarle la vida a quien veía como «su rival» apenas este nazca. Así, engaña a los magos y finalmente manda el asesinato de los inocentes.

Una característica del que busca eternizarse en el poder, es un temor inconsciente, muy fuerte, de que sus prójimos sean para él una amenaza.

¡Cuántas veces vemos la política sucia de cada día, cómo buscan ensuciarse unos a otros para achicar a los rivales!

Juan el Bautista fue lo opuesto a ello. Juan no fue envidioso de Jesús, así nos lo dice la Sagrada Escritura en el Evangelio según San Juan 3: 30-31: «Es preciso que él crezca y que yo disminuya. El que viene de arriba está por encima de todos…»

2- EL CRUEL:

Herodes el Grande, no sólo muestra su gran crueldad en el asesinato de los inocentes, sino que de él se cuentan muchas atrocidades, entre ellas el asesinato de 4 de los 8 hijos que nombra la historia.

Hoy vemos esta crueldad en el terrorismo, en las mafias, en la violencia diaria, tantas veces potenciada por la bebida o la droga.

Pero también hay crueldad con el prójimo, en el frío y la indiferencia que vienen del egoísmo, que quita la mirada frente a todo lo que no sea su propia comodidad, prosperidad o disfrute.

3- EL ASESINO:

Herodes el Grande hacía del asesinato su manera de reinar, de imponerse. Herodes Antipas, manda a cortar la cabeza del Bautista, con la misma liviandad con la que se pide un plato de comida. Vemos que en ellos el asesinato era algo cotidiano.

¿Cuántos asesinatos se cometen hoy por el poder, ya sea por tenerlo, por mantenerlo o hacer muestra de él?

¿Cuántas vidas se quitan por la guerra, la delincuencia, en los crímenes pasionales, el aborto y los suicidios?

En el Evangelio según San Juan 8:44 Jesús nos dice: «…el diablo … era homicida desde el principio…»

El demonio entra en los corazones de tantos gobernantes, empresarios y hombres de poder, para que con una mirada llena de egoísmo, sometan a la pobreza extrema, países enteros, o grupos de personas.

La estadística de muertos por hambre, o por enfermedades fácilmente evitables con condiciones mínimas de higiene y dignidad de vida, es una alarmante muestra de esta indiferencia homicida.

Sólo en Dios podremos entender la parábola de la oveja perdida, y en ella cada uno que tenga una responsabilidad sobre los demás, entenderá que ni una sola debe perderse.

4- EL VANIDOSO:

Herodes Antipas, no quería quedar mal frente a sus convidados. No quería ser visto como alguien que promete y no cumple. Su vanidad no le permitía aceptar límites a su poder frente a los ojos del mundo.

Así vive quien niega a Dios, para quien los ojos del mundo, son la medida de su propio valor.

Tanta gente que vive hoy como si Dios no existiera, anhelando un carro nuevo, unas vacaciones, una nueva casa; no por necesidad o por gusto, sino simplemente para hincharse de vanidad frente a los demás y buscar así un antídoto a tanto vacío interior.

Juan el Bautista con su vida sencilla en el desierto, nos muestra como con Dios, sólo necesitamos lo esencial para Vivir, que Dios no nos hará faltar consuelo. Es en este sentido Juan, una figura que nos anticipa a Cristo.

5- EL LUJURIOSO:

La lujuria de Herodes Antipas, lo lleva a tomar la esposa de su hermano, y despreciar la ley de Dios.

Esta vida de palacios, con bailarinas, y tantos placeres en el comer, el beber y en toda sensualidad, era todo lo que un hombre sin Dios podía desear. Pero Herodes cuando escuchaba a Juan el Bautista, «lo hacía con gusto», y en este escuchar con gusto creemos que Herodes intuía, como él con todo, no tenía eso que a Juan le daba todo, sin tener nada. Juan tenía a Dios con él.

Hoy la cultura sin Dios, presenta todos los ingredientes de la lujuria de Herodes, como algo deseable. Vemos en las revistas de famosos, en la TV basura, como se pondera el romance de verano de este o aquél, como se habla de la promiscuidad como una virtud.

Para el mundo actual, la pureza está fuera de moda, y se desconfía de los consagrados y consagradas, que en su gran mayoría viven el celibato como una mejor manera de servir a Dios. Juan el Bautista es el ejemplo del hombre que rechaza todo del mundo, para ganar a Dios.

6- EL COBARDE:

Herodes Antipas, apreciaba a Juan, pero no tuvo el valor de enfrentarse a su vanidad, de contrariar a su amante. No tuvo el valor de que eso que escuchaba de Juan que le agradaba, lo llevara a aceptar una Gracia de conversión.

Era un cobarde, como tantos políticos de hoy, que ven como sus naciones se degradan por imposiciones internacionales, pero no tienen el valor de enfrentarse a sus dictados.

Quién no cree en Dios, no recibe su Espíritu, y sólo del Espíritu de Dios viene la parrusía, ese valor sin límites que ha acompañado a tantos mártires que han testimoniado a Cristo con su vida.

Juan dio su testimonio valiente en el martirio.

7- ESCANDALOSO:

Con su conducta, Herodes llevaba al tropiezo espiritual a sus súbditos y servidores, dando un mal ejemplo.

Sus malas obras funcionaban como un obstáculo a la Gracia, a los ojos de los inocentes y de los débiles, que veían como su rey, lejos de ser un ejemplo luminoso, les llenaba de oscuridad.

Los que así actúan, ni toman la Gracia para ellos, ni dan ejemplo para otros. Por el contrario, son un mal ejemplo público, que arrastra a muchos por los caminos del error.

En ese sentido, vemos como especialmente grave, el escándalo, cuando este proviene de católicos que como catequistas, religiosos, sacerdotes.

Es muy grave cuando cayendo en la tentación, los que debieran ser hombres de Dios, cometen pecados tan graves como la pedrastía, y hacen tanto mal a la fe y la esperanza en la Iglesia.

Pero también es un gran escándalo, cuándo quienes deben predicar la fe, predican un humanismo «bondadoso», pero que niega la divinidad de Cristo.

El que así actúa está sumido en la oscuridad, y lleva esa oscuridad a quienes escuchan sus enseñanzas. Al negar a Cristo Dios, niegan su luz. Al negar la resurrección de Cristo, cierran el camino a la salvación. Son muros a la Gracia de Dios.

Se apropian así de las ovejas, que son de Cristo, y las toman como propias, para enseñarles sus propias teorías humanas. Ellos no pueden dudar de la divinidad de Cristo y seguir en su ministerio, y sin embargo vemos tantos, que hoy desde el púlpito, u otra función pastoral, enseñan sin la total certeza de que Cristo es Dios, y que verdaderamente resucitó, que los milagros verdaderamente ocurrieron, y que la Biblia no es algo elástico a interpretar a gusto; sino la Palabra de Dios a la cual obedecer.

Estos hombres sin fe, actúan por el contrario, de la misma manera que Herodes Antipas, porque este también tenía un agrado por lo que decía Juan, para él era alguien interesante, de muchas virtudes, pero para nada un hombre de Dios. Para nada alguien a quien someterse.

Herodes estaba ciego a la divinidad, y al llamado de esta al seguimiento humilde. Esta misma ceguera, lo llevó a tener frente a él al mismo Cristo, y no hacer nada para impedir su calvario. No creía que Cristo fuera Dios.

Pensaba mal, porque vivía en la oscuridad, en la oscuridad más absoluta de no tener otra ley que él mismo.

Juan preguntado si el era el Mesías, fue muy claro, él no lo era, y no era digno siquiera de atarle sus sandalias.

Oración final:

Pidamos a nuestro Padre del Cielo, por intercesión de San Juan Bautista, y todos los mártires de la fe, para que el Señor nos preserve de las incididas del demonio, nos aleje del amor al mundo y sus engaños; y nos de muchos y santos hombres de fe, que puedan guiar a al rebaño de Dios, con fidelidad a su palabra, reconociendo con su vida la Divinidad del Cristo de la Cruz, nuestro Salvador.

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