ORACION POR LOS HIJOS

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Hoy te pido otra vez Madre, como todos los días, por los hijos que Dios me ha dado, pongo en tus manos mi petición, para que la lleves ante nuestro Padre del Cielo.

Madre Santa, para ellos te pido Salud, tu guía, y cuidado.

Qué vuelvan su corazón a Dios, y pongan en Él su esperanza.

Madre no permitas que mis hijos se alejen de mí, pero si se alejan, pide para mí las luces del Espíritu SANTO para que yo siempre los reciba como el padre del hijo pródigo.

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Madre te ruego, pide por mi al Señor, para que me dé fuerzas en las pruebas, para que permanezca firme en Dios, confiada/o en su providencia, aunque nos golpee la pobreza, la injusticia, el dolor, o la soledad.

Y si llegan a mi vida la riqueza y la abundancia, que en ella no me olvide de Dios, no deje de dar Gracias, de hacer caridad que el que no tiene, y justicia con los débiles, dando así a mis hijos, el testimonio de fidelidad, que tanto necesitan para crecer en la fe.

Te pido que para ser mejor madre (o padre), sepa ser mejor discípula/o de Cristo, que el amor a mis hijos, me motive y fortalezca para darles ejemplo de amor a Dios, que antes que con palabras, les enseñe con mi vida, predicando con ella la Palabra de Dios.

Te pido Madre, a tí que supiste acompañar siempre a tu hijo, aún en su pasión y muerte en Cruz,  como en la alegría de su resurrección, y finalmente en el Cielo donde fuiste asunta por los ángeles en cuerpo y alma.

Dame madre la paciencia de acompañarlos, la fortaleza de consolarlos, la esperanza frente a toda injusticia, y la confianza en la justicia divina.

Qué nuestras vidas sean profundamente acordes a la luz de Dios, para que seamos dignos de resucitar juntos a la vida eterna, y poder reunirnos otra vez en el Cielo, junto a ti Madre, para la alegría que no tiene fin, en la plenitud de Dios.

Amén

Que enseña la Iglesia sobre la relación entre padres e hijos:

El cuarto mandamiento:

Honrarás a tu padre y a tu madre, nos manda respetar al padre y a la madre, obedecerles en todo lo que no es pecado y asistirles en sus necesidades espirituales y temporales.

El cuarto mandamiento nos prohíbe ofender a nuestro padres de palabra, de obra o de otro modo cualquiera.

Los padres tienen el deber de amar, alimentar y mantener a sus hijos, proveer a su educación religiosa y civil, darles buen ejemplo, alejarlos de las ocasiones de pecado, corregirlos de sus defectos y ayudarlos a abrazar el estado a que Dios los llama.

Dios nos propuso un ejemplo de familia perfecta en la Sagrada Familia, en la que Jesucristo estuvo sujeto a María Santísima y a San José hasta la edad de treinta años, esto es, hasta que empezó a cumplir la misión de evangelizar que le confió su Eterno Padre.

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