1- «Dios, viendo el mundo trastocado por el miedo, interviene solícitamente para llamarlo hacía Sí con el Amor, invitarlo con la Gracia, retenerlo con la caridad, abrazarlo con el afecto.»
2- «La mujer tocó el manto de Jesús y fue curada, fue liberada de su mal. Nosotros en cambio tocamos y recibimos cada día el Cuerpo del Señor, pero nuestras heridas no se curan. Si somos débiles no debemos culpar a Cristo, sino a nuestra falta de fe. De hecho, si un día, pasando por la calle, Jesús le devolvió la salud a una mujer que se escondía, es evidente que hoy, habitando en nosotros, Él puede curar nuestras heridas.»
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3- «Siéntate a la mesa de los pecadores y Cristo se sentará en tu mesa. Reconócete pecador y Cristo comerá contigo. Ve con los pecadores al banquete de tu Señor y tu dejarás de ser un pecador.»
4- «Pidamos que el nombre de Dios sea santificado en nosotros por nuestra vida. De hecho, si vivimos con rectitud, el nombre de Dios es bendecido; pero si vivimos en la deshonestidad, el nombre de Dios es maldecido. Nosotros, por eso, recemos para ser dignos de ser santos como Santo es el nombre de nuestro Dios.»
5- «El nacimiento de Cristo no fue algo que vino de la necesidad, sino de una elección divina. Fue un Sacramento de piedad, fue la restauración de la naturaleza humana. El mismo creador que formó nuestros cuerpos desde el barro, tomó un cuerpo de barro para venir a nuestro encuentro y así salvarnos.»
6- «El ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se seca sin este riego; lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno
7- «Los que pasaron, vivieron para nosotros; nosotros, para los que vienen, nadie viene para sí mismo»
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