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ORACION A SAN LUIS GONZAGA PARA PROTEGER A LOS JOVENES


Querido San Luis Gonzaga, que fuiste en la tierra un signo de pureza de los ángeles del cielo, habiendo conservado hasta la muerte tu bella inocencia. Y dedicaste tu vida al servicio y entrega a los demás.

Recurro a ti con confianza, y bendigo a Dios porque en ti nos ha dado una prueba de su amor misericordioso. Humilde y confidente adorador del Sagrado Corazón de Jesús, libre de todo deseo mundano y de toda fortuna.

Te pido que intercedas ante Dios para proteger a todos los jóvenes que necesitan tu guía, que se encuentran confundidos y no conocen a Jesús. Dales la gracia de la fortaleza espiritual para que en los momentos de dificultad y de prueba su fe no disminuya y no escuchen la palabra de quien quiere llevarlos a la perdición.

Dales la paciencia, la perseverancia, la pureza de tu gran corazón y sobre todo la humildad para querer hacer siempre la voluntad de Dios y que  puedan crecer en santidad.

Amén

 

LA VIDA DE SAN LUIS GONZAGA

Memoria de san Luis Gonzaga, religioso, que, nacido de nobilísima estirpe y admirable por su pureza, renunció a favor de su hermano el principado que le correspondía e ingresó en Roma en la Orden de la Compañía de Jesús. Murió, apenas adolescente, por haber asistido durante una grave epidemia a enfermos contagiosos.

El Patrón de la Juventud Católica, San Luis Gonzaga, nació el 9 de marzo de 1568 cerca de Mantua, en Lombardía, hijo de los príncipes de Castiglione. Su madre lo educó cristianamente, y muy pronto dio indicios de su inclinación a la vida religiosa. Su entrega a Dios en su infancia fue completa y absoluta y ya en su adolescencia, decidió ingresar a la Compañía de Jesús, pese a la rotunda negativa de su padre, que soñaba para él una exitosa carrera militar.

Renunció a favor de su hermano al título de príncipe que le correspondía por derecho de primogenitura, e ingresó en la Compañía de Jesús, en Roma. Cuidando enfermos en los hospitales, contrajo él mismo una enfermedad que lo llevó al sepulcro el año 1591. Durante los años siguientes, el santo dio pruebas de ser un novicio modelo. Estando en Milán y por revelación divina, San Luis comprendió que no le quedaba mucho tiempo de vida. Aquel anuncio le llenó de júbilo y apartó aún más su corazón de las cosas de este mundo.

Por consideración a su precaria salud, fue trasladado de Milán a Roma para completar sus estudios teológicos, siendo los atributos de Dios los sus temas de meditación favoritos. En 1591 atacó con violencia a Roma una epidemia de fiebre; los jesuitas abrieron un hospital y el santo desplegó una actividad extraordinaria; instruía, consolaba y exhortaba a los enfermos, y trabajaba con entusiasmo y empeño en las tareas más repugnantes del hospital. San Luis falleció en la octava del corpus Christi, entre el 20 y 21 de junio de 1591, a los 23 años de edad. Fue canonizado en 1726.

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