BEATO JOSE ALLAMANO Y LA MILAGROSA ORACION A NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLATA

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MILAGROSA ORACION A NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLATA
MILAGROSA ORACION A NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLATA


El Beato José Allamano  quien tenía una gran devoción a la Virgen de la Consolata, fundó las congregaciones de hombres y de mujeres denominadas de las Misiones de la Consolata

Santa Madre de Dios, que con tu gran amor nos brindas tu ayuda incondicional. Queremos pedirte en este día tu consuelo, Tú que nunca nos abandonas, socorre nuestras necesidades y nuestros corazones que sufren.

Transforma en alegría el dolor de tus hijos, haz que escuchemos tus palabras y nos fortalezcamos, danos la paz a todas las personas de esta Tierra.

Tu eres la Madre de Dios y nuestra Esperanza, ruega por nosotros!

Estamos bendecidos porque tenemos tu protección, y porque intercedes día y noche por nosotros
Tu haz hecho brillar el sol de la justicia, ruega por nosotros!

Tu que con tu humildad alejas al mal, quédate siempre nuestro lado y haz que crezcamos en esta virtud tan agradable al Señor.

Tu reina de los milagros ya que Dios todo te lo concede, ten piedad de nosotros y ayúdanos.
Ponemos nuestra vida en tus manos para que nos lleves a los brazos de tu hijo, lo único que deseamos, nuestro único tesoro.

Amén.

NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLATA

Según la tradición, la imagen de la Santísima Virgen Consoladora fue encontrada en las cercanías de la Iglesia de San Andrés por un joven ciego, proveniente de Briançon, como consecuencia de una visión.

El descubrimiento de la milagrosa imagen, parte de la iglesia en los primeros siglos y luego extraviada, devolvió la vista al ciego, adquiriendo a partir de ese momento la connotación de imagen taumatúrgica, dispensadora de gracias y milagros.

Tras este descubrimiento, se cree que la imagen de la Virgen Consoladora fue colocada en una capilla de la iglesia, atrayendo un número cada vez mayor de fieles y devotos. El cuadro que se encuentra hoy sobre el altar mayor del santuario, es una pintura del cuatrocientos, copia del cuadro que representa a la Virgen con el Niño, conservado en la Iglesia de la Madonna del Popolo, en Roma.

La Consolata acompañó el pueblo en los momentos difíciles, demostrándose realmente una madre del consuelo. Siguen aquí unos episodios famosos, pero cada devoto podría decir las gracias recibidas, sin duda sólo Mamá Consolata las conoce y las guarda en su corazón.

Durante la guerra entre los príncipes de Turín y los franceses, en 1706 toda la ciudadanía se reunió en torno al Santuario della Consolata y la ciudad fue salva del ataque.

Tras una epidemia de cólera en 1835, la Administración Comunal hizo votos al Santuario della Consolata para obtener de la Divina Misericordia la liberación de la enfermedad del cólera, o la disminución del mal en sus efectos, o el alivio que Dios quisiera conceder a esta Ciudad.

En 1872 entró como Rector del Santuario el Padre José Allamano que, por su amor a la Virgen y su generosidad apostólica, reavivó la devoción a la Consolata, amplió el Santuario (dicen que el presupuesto era altísimo, y los ingenieros le preguntaron si estaba dispuesto a tan grande aventura, y él contestó que para dar los debidos honores a la Consolata, éso era lo mínimo que podía hacer), propuso varias iniciativas de formación y animación de los fieles, entre las cuales grupos de devotos y la publicación de la revista Consolata.

Fue a los pies de la Virgen que soñó nuestra familia misionera y a sus pies puso sus primeros misioneros, sus necesidades y alegrías.

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