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Aparición y milagrosa curación de San José

Aparición y milagrosa curación de San José Tuscania Italia

En el convento San Paolo de las hermanas clarisas, de un pueblo italiano llamado Tuscania, en el año 1881, una religiosa llamada Sor Maria Geltrude di Gesù Nazareno estaba enferma desde hacía 3 años de un cáncer considerado incurable. Ella quedó inmovilizada en cama.

El la mañana del 8 de marzo, mientras la comunidad religiosa estaba celebrando la santa Misa, la monjita vio entrar a un hombre en su celda.

Ella estaba muy sorprendida, porque la regla del monasterio dice que un hombre puede visitar pero siempre con una mujer que lo acompañe, y no solo, como había aparecido este hombre.

Ella le pregunto quien era, y este le respondió «Soy el carpintero de este monasterio», y tomo la silla (que vemos en la foto) y se sentó cerca de su cama.

El hombre le preguntó «¿Que le sucede?». La monjita responde «Dicen que tengo una enfermedad grave y no se puede hacer nada». El carpintero le recomienda «Confíe en Dios». Después este se puso en pié, y silencioso como entró, se marchó.

La monjita declaró que este hombre tenía ojos hermosos y sus manos eran blancas y delicadas, que no parecían de un carpintero.

Un día, al termino de la Santa Misa, la enfermera del lugar, regreso a la enfermería, y encontró la silla, en cualquier lugar, y eso que ella había ordenado antes de irse. Por eso le pregunto a la enferma que había pasado con la silla que no estaba en su puesto.

La monjita le respondió «Fue el carpintero del monasterio que se acaba de ir». La enfermera reaccionó «¿El carpintero?…. Pero ninguno pudo haber entrado, las llaves del monasterio las tiene la madre Badessa» La monjita le dijo «Si, y si ha sentado aquí, y me ha dicho de confiar en Dios»

Al oír esto la enfermera salió corriendo a buscar a la madre que tenía las llaves, convencida que la enferma estaba delirando.

Las mojas estaban confundidas por saber quién era este misterioso carpintero, ya que nadie podía haber entrado.

Una religiosa se recordó que la enferma era muy devota a San José, y que desde el inicio de su enfermedad, le rezó al santo para que la curase en el día de su fiesta.

Entonces con mucha fe, fue donde la enferma, y se puso en rodillas a rezar delante de las dos silla diciendo «San José, si realmente eras tú quién vino esta mañana, hazme saber en que silla te haz sentado». Entonces una silla empezó a moverse sin que nadie la tocase.

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Todas las monjas agradecieron con mucha emoción tal honor para la comunidad de recibir una gracia tan grande.

La monjita que estaba enferma se curó milagrosamente, y murió de vejez a los 81 años, el primero de abril del 1920.

SAN JOSÉ, A QUIÉN JESÚS TODO CONCEDE,  RUEGA POR NOSOTROS 

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