ORACION A SANTA OLIVIA PARA SANAR

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Santa Olivia era protectora de los enfermos y con la gracia de Dios los curaba, también salía triunfante de circunstancias verdaderamente peligrosas, siempre a salvo, y convirtiendo al catolicismo a todos los que con ella se cruzaban

ORACION A SANTA OLIVIA PARA SANAR

Oh gloriosa Santa Olivia, virgen y mártir de la Iglesia, luz de santidad y ejemplo de fortaleza que siendo tan joven, fuiste una gran discípula de Jesús, llevando la verdad del Evangelio a quienes contigo se encontraban, pensando en tu gran virtud nace en mi el deseo de practicarla.

Pero yo soy débil y por eso recurro a ti para que intercedas por mi para que Dios me de la fuerza para realmente volcarme  a su divino amor y lo lleve por todo el mundo, sin importarme los peligros, sin importarme las persecuciones, que yo desprecie , como tu, los placeres vanos de este mundo, aspirando solamente a la alegría eterna del Paraíso.

Te pido si es para mayor gloria de Dios, me ayudes a sanar, o por aquellos seres queridos que están enfermos, tú puedes orar por ellos y sanarlos porque eres agradablemente escuchada por el Señor.

Danos la alegría con la que vivías y llévanos en nuestro caminar hacia Jesús.

Amén.

LA VIDA DE SANTA OLIVIA

Entre algunos musulmanes es uno de los nombres más venerados. Y la mezquita más grande de Túnez era la de «Santa Oliva».

En los ciudadanos de esta urbe nació el dicho:» Desgraciado quien hable mal de santa Oliva, pues Alá seguramente lo castigará».

La leyenda no podía faltar. Dicen que era una creyente cristiana de Palermo. A los trece años, unos malvados piratas la cogieron prisionera y se la llevaron hasta Túnez.

En un primer momento, los moros sólo pensaron en acabar con ella. Pero se echaron para atrás cuando se enteraron de que era de sangre real. Era muy bella. Cuando se repuso de su desembarco en nación extraña para ella, empezó a predicar el Evangelio, a curar enfermos que acudían buscando socorro.

A los moros y a sus dirigentes les asaltó la duda de que podía hacer muchos prosélitos si la dejaban trabajar a su aire. Fue entonces cuando decidieron llevarla a una selva en la que habitaban bestias salvajes con la intención de que terminaran con ella. Pero he aquí que todos los animales se hicieron sus amigos y le daban todo lo que necesitaba. Además, todos los cazadores que se cruzaban en el camino con ella, escuchaban su palabra y se convertían al cristianismo. Lo mismo sucedía con los habitantes de Túnez que iban a hacerle una visita.

Todo era un paraíso. Y éste no podía durar demasiado tiempo. Atrás estaban los musulmanes muy molestos por todo lo que hacía y por cuanto le contaban acerca de sus milagros.

El gobernador mandó que la chica fuera a su presencia. La metió en la cárcel sin darle alimento. Y sin embargo, al salir estaba perfectamente bien de salud. Todo cuanto hacían se le volvía en contra. La única solución fue cortarle la cabeza. Era el siglo IX.

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