COMO SER SAL Y LUZ EN ESTE MUNDO?

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COMO SER SAL Y LUZ EN ESTE MUNDO?
COMO SER SAL Y LUZ EN ESTE MUNDO?

SER SAL Y LUZ EN ESTE MUNDO

Jesús  era un gran maestro. Fácilmente puedo imaginarlo enseñando y predicando a sus amigos sentados sobre las orillas del Mar de Galilea, sobre laderas, en sitios desiertos o en los alrededores de templo en Jerusalén. Él incorporó todo alrededor de él en sus enseñanzas y predicación y él modela para nosotros un arte enorme de la condición humana y del mundo creado de Dios, para que nosotros entendamos.

Estas cualidades de Jesús son claramente evidentes en el Evangelio de hoy cuando dice: Ustedes son la sal de la tierra…Ustedes son la luz del mundo…

TU ERES LA SAL DE LA TIERRA

Como sabes, una de las funciones principales de la sal es sazonar, dar gusto y sabor a los alimentos. Esta imagen nos recuerda que, por el bautismo, todo nuestro ser ha sido profundamente transformado, porque nos han puesto esta sal,  con la vida nueva que viene de Cristo. La sal cuida, protege tu identidad cristiana, incluso en un ambiente lleno de confusión y desprecio de Dios, es la gracia bautismal que nos ha regenerado, haciéndonos vivir en Cristo y concediendo la capacidad de responder a su llamada.

Escribiendo a los cristianos de Roma, san Pablo los exhorta a manifestar claramente su modo de vivir y de pensar, diferente del de sus contemporáneos: “no te acomodes al mundo presente, antes bien transfórmate mediante la renovación de tu mente, de forma que puedas distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rm 12, 2).

Durante mucho tiempo, la sal ha sido también el medio usado habitualmente para conservar los alimentos. Como la sal de la tierra, estás llamado a conservar la fe que haz recibido y a transmitirla intacta a los demás.

PERO…COMO LO HAGO?

¡Descubre tus  raíces cristianas, aprende la historia de la Iglesia, profundiza en el conocimiento de la herencia espiritual que te ha sido transmitida, aprende y sigue la vida de los santos y maestros de la iglesia! Sólo permaneciendo fieles a los mandamientos de Dios, a la alianza que Cristo ha sellado con su sangre derramada en la Cruz, puedes ser apóstol y  testigo en tu vida.

Es propio de la condición humana, y especialmente de la juventud, buscar lo absoluto, el sentido y la plenitud de la existencia. ¡No te conformes con nada que esté por debajo de los ideales más altos! No te dejes desanimar por los que, decepcionados de la vida, se han hecho sordos a los deseos más profundos y más auténticos de su corazón. Tienes razón en no resignarte a las diversiones inútiles, a las modas pasajeras y a los proyectos insignificantes. Si mantienes grandes deseos para el Señor, sabrás  evitar la mediocridad y el conformismo, tan difusos en nuestra sociedad.

TU ERES LA LUZ DEL MUNDO

Para todos aquellos que al principio escucharon a Jesús, al igual que para nosotros, el símbolo de la luz evoca el deseo de verdad y la sed de llegar a la plenitud del conocimiento que están impresos en lo más íntimo de cada ser humano.

Cuando la luz va apagándose o desaparece completamente, ya no se consigue distinguir la realidad que nos rodea. En el corazón  podemos sentir temor e inseguridad, esperando sólo con impaciencia la llegada de la luz.  ¡A ti te corresponde ser el guardián de la mañana  que anuncia la llegada del sol que es Cristo resucitado!

La luz de la cual Jesús nos habla en el Evangelio es la de la fe, don gratuito de Dios, que viene a iluminar el corazón y a dar claridad a la inteligencia: “Pues el mismo Dios que dijo: ‘De las tinieblas brille la luz’, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo”. Por eso adquieren un relieve especial las palabras de Jesús cuando explica su identidad y su misión: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida”.

El encuentro personal con Cristo ilumina la vida con una nueva luz, nos conduce por el buen camino y nos compromete a ser sus testigos. Con el nuevo modo que Él nos proporciona de ver el mundo y las personas, nos hace penetrar más profundamente en el misterio de la fe, que es , vivir como Jesús nos enseña, a dar el ejemplo, vivir una verdad; es la sal y la luz de toda la realidad.

VIVE CON TUS GESTOS, TUS PALABRAS, TUS ACTOS EL AMOR DE DIOS

Hoy muchos piensan y viven como si Dios no existiera, o son atraídos por formas de religiosidad irracionales, y es necesario que precisamente tu, reafirmes tu fe,  es una decisión personal que compromete toda la existencia. ¡Que el Evangelio sea la forma en que guíes las decisiones y el rumbo de tu vida! De este modo serás misionero con los gestos y las palabras y, dondequiera que trabajes y vivas, serás signo del amor de Dios, testigo creíble de la presencia amorosa de Cristo. No lo olvides: ¡Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa!

Así como la sal da sabor a la comida y la luz ilumina las tinieblas, así también la santidad da pleno sentido a la vida, haciéndola un reflejo de la gloria de Dios. ¡Con cuántos santos,cuenta la historia de la Iglesia! En su amor por Dios han hecho resplandecer las mismas virtudes heroicas ante el mundo, convirtiéndose en modelos de vida propuestos por la Iglesia para que todos les imiten. Entre otros muchos, baste recordar a Inés de Roma, Andrés de Phú Yên, Pedro Calungsod, Josefina Bakhita, Teresa de Lisieux, Pier Giorgio Frassati, Marcel Callo, Francisco Castelló Aleu o, también, Kateri Tekakwitha, la joven iraquí llamada la “azucena de los Mohawks”. Pido a Dios tres veces Santo que, por la intercesión de esta muchedumbre inmensa de testigos, te haga ser santo.

Es la hora de la misión. En tu diócesis y en tu parroquia, en tus movimientos, asociaciones y comunidad, Cristo te llama, la Iglesia te acoge como casa y escuela de comunión y de oración. Profundiza en el estudio de la Palabra de Dios y deja que ella ilumine tu mente y tu corazón. Toma fuerza de la gracia sacramental de la Reconciliación y de la Eucaristía. Trata asiduamente con el Señor en ese “corazón con corazón” que es la adoración eucarística. Día tras día recibirás nuevo impulso, que te permitirá confortar a los que sufren y llevar la paz al mundo. Muchas son las personas heridas por la vida, excluidas del desarrollo económico, sin un techo, una familia o un trabajo; muchas se pierden tras falsas ilusiones o han abandonado toda esperanza. Contemplando la luz que resplandece sobre el rostro de Cristo resucitado, aprende a vivir como “hijos de la luz e hijos del día” (1 Ts 5, 5), manifestando a todos que “el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad” (Ef 5, 9).

San Juan Pablo II.

Señor te pido que el entendimiento de tus palabras, sea para nosotros la fuerza que nos impulsa a llevar al mundo entero, a cada persona, a la familia,  amigos, a nuestra comunidad, en el trabajo y donde vayamos.

Ir junto a tu mano y la de Nuestra Santa Madre  por el camino que nos lleva día a día a la santidad.

Amén.

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