ORACION A SAN GERMAN

1792
ORACION A SAN GERMAN
ORACION A SAN GERMAN

San Germán fue obispo de Paris, muy generoso con los pobres que se acercaban al convento. Ha obrado grandes milagros. Si alguna vez les faltaba el pan, el tenía gran confianza en la Providencia de Dios y siempre lo obtenían.

ORACION A SAN GERMAN

San Germán, tu que eres un gran protector que nunca dejas de orar y preocuparte por los más necesitados, ruega a Dios por nosotros para que no nos falte el alimento de cada día, tanto material como espiritual.

Te pedimos que intercedas por nosotros para obtener de Dios la gracia de un corazón generoso, como el tuyo, desprendido de los deseos propios y preocupados en las necesidades de los demás

Que nuestras fuerzas estén siempre en llevar a todos cuantos nos rodean hacia Dios, predicando el evangelio y obrando como debemos según las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo.

Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

LA VIDA DE SAN GERMAN DE PARIS

Nació en el 496 cerca de Autun (Francia) y fue abandonado de niño por sus padres, teniendo una infancia desprovista de afecto familiar. Fue criado y acompañado por un pariente suyo que era sacerdote.

Inclinado a la vida religiosa, Germán ingresó en el monasterio de San Sinforiano de Autun y se hizo monje siguiendo la Regla de San Basilio. Fue tanta su dedicación y observancia religiosa que fue elegido abad.

En el año 555 murió el obispo de París, y era tal el prestigio de la caridad de Germán, que el clero y el pueblo quisieron que ocupara él la sede vacante, a lo que accedió gustoso el rey Childeberto I.

Como pastor perseveró predicando y evangelizando pueblos semipaganos, defendió la doctrina y extendió la cristianización de las costumbres. También asistió al tercer y cuarto Concilio de París, y al segundo Concilio de Tours en el 566.

Llevó una vida austera y de penitencia, y falleció casi a los 80 años el 28 de mayo del 576. Muchos franceses lo veneran como patrono de la gran metrópoli de Paris.

El santo fue sepultado en la capilla de San Sinforiano -mandada a construir por Childeberto I- en el templo de San Vicente, pero en el 754 sus reliquias fueron reubicadas en el edificio principal del templo, en presencia de Pipino el Breve y de su hijo Carlomagno, que entonces era un niño de siete años.

Desde ese momento, el templo se convirtió en la Abadía de Saint-Germain-des-Prés, pues cerca de este templo se construyó un monasterio.

 

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