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Semana Santa Gran historia de Amor

Semana Santa Gran historia de Amor

Resumen de la Catequesis de hoy del Papa Francisco:

Viviremos el Jueves, el Viernes y el Sábado Santo (tridio Pascualcomo momentos fuertes que permiten entrar siempre más en el gran misterio de nuestra fe: la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Todo, en estos tres día, nos habla de misericordia, porque hace visible hasta donde llega el Amor de Dios. San Juan Evangelista, nos cuenta los últimos días de la vida de Jesús, y nos ofrece la llave para entenderlos en un sentido profundo: «Él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). 




El Amor de Dios no tiene límites. Como repetía frecuentemente San Agustín: la medida del Amor de Dios es un Amor sin medidas. Dios se ofrece verdaderamente todo por cada uno de nosotros y no se guarda en nada. El misterio que adoramos en esta Semana Santa es una gran historia de Amor que no conoce de obstáculos. . La Pasión de Jesús dura hasta el fin del mundo, porque es una historia de compartir el sufrimiento de toda la humanidad y una permanente presencia cercana en la vida personal de cada uno de nosotros.

En suma, el Triduo Pascual es un memorial de un drama de Amor que nos dona la certeza que no estaremos nunca abandonados en las pruebas de la vida.

El Jueves Santo Jesús instituye la Eucaristía, anticipando en el banquete pascual su sacrificio sobre el Gólgota. Para hacer comprender a sus discípulos el Amor que lo anima, les lava los pies ofreciendo así en primera persona el ejemplo de como deberán comportarse entre ellos. La Eucaristía es el Amor que se hace servicio. Es la presencia sublime de Cristo que desea quitar el hambre de cada hombre, sobre todo de los más débiles, para hacerlos capaces de un camino de testimonio entre las dificultades del mundo. Al darse a nosotros como comida, Jesús atestigua que debemos aprender a compartir con los otros este alimento para que se convierta en verdadera comunión de vida con cuantos están pasando necesidad. Él se dona a nosotros y nos pide de permanecer en Él para hacer otro tanto.

El Viernes Santo es el momento culminante del Amor. La muerte de Jesús, que sobre la cruz se abandona al Padre para ofrecer la salvación al mundo entero, expresa el amor donado hasta el final, hasta un final sin final. Un amor que intenta abrazar a todos, sin excluir a ninguno. Un que se extiende a todo tiempo y lugar: una fuente inagotable de salvación a la cual cada uno de nosotros, pecadores puede acceder. Si Dios nos ha demostrado su Amor supremo en la muerte de Jesús, entonces también nosotros, regenerados por el Espíritu Santo, podemos y debemos amarnos los unos a los otros.

 

Y finalmente el Sábado Santo es el día del silencia de Dios. Debe ser un día de silencio, y nosotros debemos hacer de todo para que para nosotros sea verdaderamente una jornada de silencio, como fue en aquél tiempo: el día del silencio de Dios.

Jesús en el sepulcro comparte con toda la humanidad el drama de la muerte. Es un silencio que habla de expresar el amor como solidaridad con los abandonados de siempre, que el Hijo de Dios reúne colmando el vacío que sólo la misericordia infinita del Padre Dios puede llenar. Dios calla, pero por amor. En este día el amor, este amor silencioso, se convierte en espera de la vida en la resurrección. Este Sábado Santo nos hará bien pensar en la Virgen María, la creyente que en silencio esperaba la resurrección. La Virgen debería ser el ícono para nosotros, de aquél Sábado Santo. Reflexionar como la Virgen ha permanecido aquel Sábado Santo; en espera. Es el Amor que no duda, sino que espera en la palabra del Señor, para que se haga evidente y esplendoroso el día de la Pascua de Resurrección.

Es todo un gran misterio de Amor y de Misericordia. Nuestras palabras son pobres e insuficientes para expresarlo en plenitud. Nos puede ayudar la experiencia de una muchacha mística, no muy conocida, que ha escrito páginas sublimes sobre el Amor de Cristo. Se llamaba Juliana de Norwich; una muchacha analfabeta, que tuvo visiones sobre la pasión de Cristo y que después entró en la clausura más rigurosa. Ella ha descripto en el lenguaje simple, pero profundo e intenso, el sentido del amor Misericordioso. Decía así: «Entonces nuestro buen Señor Jesús me preguntó: «estás contenta de que yo haya sufrido por ti? ella dijo: «Si, mi buen Señor, y te agradezco muchísimo; si, buen Señor, bendito seas por ello».  Entonces Jesús, nuestro buen Señor, le dice: «Si tu estás contenta, yo también lo estoy. El haber sufrido mi pasión por tí es una alegría, una felicidad, un gozo eterno; y si pudiese sufrir más, lo haría». Este es nuestro Señor Jesús, que a cada uno se nosotros nos dice: «Si pudiese sufrir más por ti, lo haría.»

¡Qué bellas que son estas palabras! Nos permiten entender de verdad el Amor inmenso y sin límites que el Señor tiene por cada uno de nosotros. Dejémonos envolver por esta misericordia que viene a nuestro encuentro; y en estos días, mientras tenemos fija la mirada sobre la pasión y la muerte del Señor, recibamos en nuestro corazón, la grandeza de su Amor, y como la Virgen el Sábado Santo, en silencio, en la espera de la Resurrección.

 

 

 

 

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