El Papa a los Obispos

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El Papa a los Obispos

Resumen de su profundo mensaje en la homilía de … Lee aquí:

 

Nuestro Señor Jesucristo, enviado por el Padre para redimir a la humanidad, envió, a su vez, a los doce apóstoles por el mundo, para que, llenos del Espíritu Santo, anunciaran el Evangelio, instruyeran y santificaran a todos los pueblos y los reunieran en un solo rebaño, bajo un único pastor y los guiaran a la salvación.

De esta manera, se ha ido transmitiendo a través de los siglos este ministerio, por la sucesión continua de los Obispos y permanece y se acrecienta hasta nuestros días la obra del Salvador.




En la persona del Obispo, en comunión con los presbíteros, se manifiesta la presencia entre ustedes del mismo Jesucristo, Señor y Pontífice eterno.

Es Cristo quien, valiéndose de la predicación y solicitud pastoral del Obispo, los lleva, a través del peregrinar terreno, a la participación en el Reino de Dios. Cristo que predica, Cristo que hace la Iglesia, fecunda la Iglesia, Cristo que guía: esto es el Obispo.

Reciban, pues, con alegría y acción de gracias a los Obispos que hoy agregamos al Orden episcopal.

Recuerden las palabras de Cristo a los apóstoles: «Quien los escucha a ustedes, a mí me escucha; quien los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y, quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.»

El episcopado es un servicio, no un honor.

Por ello, el Obispo debe ante todo vivir para los fieles, y no solamente presidirlos; porque, según el mandato del Señor, el que es mayor debe hacerse el más pequeño, y el que preside, debe servir humildemente.

Proclamen la palabra de Dios a tiempo y a destiempo; exhorten con toda paciencia y deseo de edificar.

No se olviden que la primera tarea del Obispo es la oración. La segunda tarea, el anuncio de la Palabra. Si un Obispo no reza, no podrá hacer nada.

Detrás de cada carta que ustedes reciban, existe una persona. Que esta persona sea conocida por ustedes y que ustedes sean capaces de conocerla.

Amen con amor de padre y de hermano a cuantos Dios pone bajo su cuidado, especialmente a los presbíteros y diáconos.

Hace llorar cuando escuchamos que un presbítero dice que ha pedido hablar con su Obispo y la secretaria le ha dicho que “tiene muchas cosas por hacer, pero dentro de tres meses no lo podrá recibir”.

El primer prójimo del Obispo es su presbítero: su primer prójimo. Si tú no amas al primer prójimo, no serás capaz de amar a todos. Cercanos a los presbíteros, a los diáconos, a sus colaboradores en el ministerio; cercanos a los pobres, a los débiles, a los que no tienen hogar y a los inmigrantes.

Miren a los fieles en los ojos. Pero miren el corazón.

Y que aquel fiel tuyo sea presbítero, diacono o laico, pueda mirar tu corazón. Pero mirar siempre en los ojos.

Cuiden diligentemente de aquellos que aún no están incorporados al rebaño de Cristo, porque ellos también les han sido encomendados en el Señor.

Y esto háganlo en el nombre del Padre, cuya imagen representas en la Iglesia; en el nombre de su Hijo, Jesucristo, cuyo oficio de Maestro, Sacerdote y Pastor ejerces; y en el nombre del Espíritu Santo, que da vida a la Iglesia de Cristo y fortalece nuestra debilidad. Que el Señor los acompañe, les esté cerca en este camino que hoy inician.

 

 

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