Llamar bien al mal, y mal al bien

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Papa Francisco con la Asamblea general de la Pontificia Academia para la Vida

Llamar bien al mal, y mal al bien

El Papa Francisco en su encuentro con la Pontificia Academia para la Vida, donde el Papa denunció otra vez el peligro de las «colonizaciones ideológicas» (Teoría de género, inducción de leyes de aborto,
eutanasia, legalización de la manipulación genética, descarte de embriones, etc.)

El riesgo es siempre aquél de llamar bien al mal, y mal al bien. Así es que hoy tantas instituciones teóricamente empeñadas en el servicio a la vida, son sólo estructuras preocupadas más de intereses económicos que del bien común. En nuestro tiempos, de hecho, vemos algunos aspectos de la cultura que no reconocen más la sabiduría divina sobre la creación y el hombre.

La naturaleza humana así, se reduce a sólo materia, sujeta a cualquier rediseño. ¡La humanidad, en cambio es única y preciosa a los ojos de Dios! Por esto, debemos custodiar nuestra primera naturaleza humana para que de frutos. Debemos darle el aire puro de la libertad, y el agua vivificante de la verdad, protegerla de los venenos del egoísmo y la mentira.

Es urgente acoger y curar la vida humana, según la dignidad que en cualquier circunstancia esta tiene.

La cultura contemporánea conserva aún las promesas para afirmar que el hombre, en cualquier condición de vida, es un valor a proteger, sin embargo es víctima de falta de certeza moral, que le permite defender la vida de manera eficaz. No raramente, luego, puede ocurrir que bajo el nombre de virtud, se escondan verdaderos vicios.

Debemos estar atentos a las nuevas colonizaciones ideológicas, que se infiltran en el pensamiento humano, y en el pensamiento cristiano, bajo forma de virtud, modernidad, actitudes nuevas, pero son colonizaciones, es decir quitan la libertad, y son ideológicas, porque tienen miedo de la realidad como Dios la ha creado.

Es la dinámica del corazón endurecido: mientras más está el corazón inclinado al egoísmo y al mal, más difícil cambiar, y cuando el corazón se corrompe, son graves las consecuencias para la vida social: se llega como dice el profeta Jeremías, a buscar sólo el propio interés, a derramar sangre inocente, a actuar con violencia y cometer vejaciones.

Esas condiciones no puede cambiar, ni a fuerza de Teorías, ni por efecto de reformas sociales o políticas. Sólo la obra del Espíritu Santo puede reformar nuestro corazón, si nosotros colaboramos.

Hablar de virtud no es una cuestión cosmética, un embellecimiento exterior, sino que se trata de erradicar del corazón los deseos deshonestos y de buscar el bien con sinceridad.

En el ámbito de la ética de vida, las necesarias normas que sancionan el respeto a las personas, por sí solas no bastan para realizar plenamente el bien del hombre. Son las virtudes de quien opera en la promoción de la vida humana la última garantía que el bien será realmente respetado.

Hoy no faltan los conocimientos científicos y los instrumentos técnicos para sostener la vida humana biológica en situaciones en que se muestra débil. Pero falta tantas veces la humanidad.

Actuar bien no es la correcta aplicación del deber ético, pero presupone un interés real por las personas frágiles. Los médicos y todos los agentes sanitarios no deben cesar nunca de conjugar ciencia, técnica y humanidad.

A quienes se dedican a la defensa y la promoción de la vida, les deseo que puedan mostrar sobretodo la belleza. Recordar que la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción. Así la vida humana se defiende y promueve eficazmente sólo cuando se conoce y se muestra la belleza. Viviendo una verdadera compasión y las otras virtudes, serán testigos privilegiados de la misericordia del Padre de la vida.