Pescadores de hombres si! Proselitismo no!

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Pescadores de hombres si! Proselitismo no!
papa francisco

El Papa: Pescadores de hombres si! Proselitismo no!

¿Qué entiende el Papa por proselitismo, que tantas veces lo desaconseja?

¿Será no predicar a Cristo?

Este Domingo 7 de febrero, al rezo del Angelus, el Papa ha dicho al comentar el Evangelio del día (San Lucas 5,1-11), “el Señor nos manda a Ser pescadores de hombres”, “pero no a hacer proselitismo”, repitiendo su frecuente advertencia al respecto.

Esta aclaración, sobre el «no al PROSELITISMO» a muchos deja perplejos, a otros escandaliza.

Estos últimos, ven en esta expresión del Papa Francisco, un guiño al humanismo inmanentista, que ve la Salvación, como un recurso mitológico para inculcar valores humanos, y en la Divinidad sólo una pauta de conducta revisable por la razón, y que por lo tanto pide respeto al humanismo y sus postulados, siendo todo camino de conversión de credos y confesiones, una pérdida de tiempo.

¿Será esto lo que el Santo Padre nos quiere decir cuando  advierte de evitar el “proselitismo”?

Deberíamos primero, desentrañar el sentido en el que el Papa usa este término:

Si por proselitismo entiende, lo que hacen las sectas como testigos de Jehová, o Mormones, para conseguir prosélitos, en cuanto a invasión de hogares, y técnicas de captación de familias a sus iglesias, coincidimos con Su Santidad, en que no es esto algo querido por Dios, no es su manera de “pescar a los hombres”, no se debe hacer “Proselitismo”.

Si por proselitismo entendemos hacer misiones populares para llevar a gente al sacramento, como se lleva a las vacas, sin interesarse, sin escuchar, sin acompañar, sin dar testimonio con la propia vida del evangelizador; coincidimos con el Santo Padre, este “proselitismo”, es contraproducente, porque insertar a personas en una comunidad católica tiene que ser una experiencia de Amor que se continúa, tanto para los encontrados por el Señor, como para los actuaron como instrumentos del Señor en ese encuentro.

Si en cambio, el no hacer “proselitismo” se entendiera como ocultar el nombre de Cristo para no ofender el error de otros, sería al menos un término discutible. Sólo podríamos aceptarlo con reservas, en cuanto a que para evangelizar, se requiere sentido de oportunidad y mucha paciencia, y en cuanto se debe evangelizar más con el ejemplo de vida que con las palabras, pero no estaríamos de acuerdo si lo que se quiere decir es que, en definitiva con Cristo o sin Cristo, las puertas del Cielo se abrirán igual.

Es que sólo Él es la puerta. Y aunque el bautismo es la puerta a las enseñanzas del camino supremo del Amor, el mismo Amor es más grande que los sacramentos, más bien, es el Espíritu mismo que subyace en ellos.

El Señor nos ha llamado a bautizarnos en el fuego. En el fuego del Amor. Nos pide ser pescadores de almas, y no como quien repite una receta mágica, o lleva una pata de conejo. Eso es instantáneo, y mucho más fácil que lo que pide el verdadero Amor.

Los que hemos tenido la Gracia de ser Padres, biológicos o espirituales, y hemos respondido a esa responsabilidad, podemos entender bien esto. Amar es un esfuerzo de cada momento y todos los días.

A un hijo no se lo pone en instantes en el camino de la educación, de la salud, de la cultura, de la civilidad, de la afectividad, de los principios, de amar la voluntad de Dios.

A un hijo se lo ha de acompañar toda la vida, con una paciencia suprema, con conciencia de que sus pequeños pasos son gigantes en su pequeño mundo. Con mucho respeto a su libertad. Un respeto que nace de saber que el Dios que nos hizo libres, y que nos dio por amor, el regalo de poder elegir incluso rechazarlo a Él que es todo bien, sin ningún mal; nos pide tener esa conciencia para poder ser padres que testimonian la fe frente a sus hijos, y hacer esto en coherencia con ese Amor de Padre que recibimos del Creador y que respeta nuestros tiempos, mientras nos hace llover las Gracias de conversión en todo momento, esperando que le demos el Sí que nuestra Santa Madre ejemplificó en la medida suprema.

SI, podemos afirmarlo con fuerza … Él nos llama a ser pescadores

Pescadores de hombres que donan su tiempo, pescadores que a nadie dejan sin respuesta, que nunca dejan fuera a nadie.

Pescadores que a nadie hieren con su indiferencia, que a nadie rechazan, que a todos escuchan, que nunca creen ya saber todo.

Pescadores qué «no hacen proselitismo», porque se interesan por las almas de verdad, no para meterle una camiseta a la gente y luego desentenderse; sino para llevar a todos a Cristo, desde el testimonio, desde el primer testimonio que es la humildad, la sencillez y la disponibilidad…

Creemos que al final, el Hijo del Hombre separará a unos y otros como un pastor, y nos preguntará por el Amor. Si nuestra respuesta es que no lo hemos conocido, el responderá que no nos conoce.

La medida de esta respuesta no será la moral que mostramos en nuestra vida, ni cuanto conocemos de teología; sino cuanto hemos servido a nuestros hermanos, cuanto hemos vivido la comunión que nace de la fe, en nuestro camino de vida. Por eso, lo que el Señor manda hacer con los pequeños, con los débiles, es Sacramento supremo, porque el mismo Cristo en palabras claras se ha identificado con ellos.

Es verdad que el Amor, hace de nido al Espíritu Santo, y que el Espíritu Santo que es el mismo Dios, nos ha de llevar naturalmente, y sin hacerse fuerzas, a buscar la voluntad de Dios, y renunciar a la propia en todo lo que no se adecue a lo que Dios nos pide.

Pero será el Amor el canal de la Gracia. Será nuestro creer en Cristo e imitarlo con la parresía del discípulo, lo que nos ponga naturalmente en la estrada de los mandamientos. Tanto como un Padre amoroso, lleva a su hijo a la Iglesia, le enseña la vida de la fe, le pide no mentir, no agredir a su hermano, no tomar lo que no es suyo, no alimentarse espritual y físicamente de cosas impuras, no envidiar los talentos que Dios da a otros, ser humildes para aprender… Es que la Voluntad de Dios es Amor.

No podemos negar la supremacía del Amor, que toda la escritura y la historia de la Salvación cantan.

Recemos juntos un Padre nuestro, frente a la Sagrada Familia, y pidámosle que nos done la Gracia suprema… La Gracia del Amor!