Francisco a los enfermos, 28 de Enero 2016

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Papa Francisco, jornada mundial enfermo

Francisco a los enfermos

(Resumen, frases destacadas de su mensaje para la XXIV Jornada Mundial del Enfermo 2016), leer más…

La enfermedad, pone siempre en crisis la existencia humana y nos plantea grandes interrogantes.

La primera reacción puede ser de rebeldía: Podemos sentirnos desesperados, pensar que todo está perdido y que ya nada tiene sentido…

En esta situación, la fe en Dios se pone a prueba, al mismo tiempo que se revela toda su fuerza positiva. No porque la fe haga desaparecer la enfermedad, el dolor o los interrogantes que plantea, sino porque nos ofrece una clave con la que podemos descubrir el sentido más profundo de lo que estamos viviendo:

Ver cómo la enfermedad puede ser la vía que nos lleva a una cercanía más estrecha con Jesús, que camina a nuestro lado cargado con la cruz.

Y esta clave nos la proporciona María, su Madre, experta en esta vía.

María, Madre previsora y orante, participa en el gozo de la gente común y contribuye a aumentarlo; intercede ante su Hijo… Esto nos llena de confianza y nos abre a la gracia y a la misericordia de Cristo.

La intercesión de María nos permite experimentar la consolación.

En la solicitud de María se refleja la ternura de Dios.

Cuántas veces una madre a la cabecera de su hijo enfermo, o un hijo que se ocupa de su padre anciano, o un nieto que está cerca del abuelo o de la abuela, confían su súplica en las manos de la Virgen.

El amor animado por la fe hace que pidamos para ellos algo más grande que la salud física: pedimos la paz, la serenidad de la vida que parte del corazón y que es don de Dios, fruto del Espíritu Santo que el Padre no niega nunca a los que se lo piden con confianza.

¡Cuánto valora y aprecia Dios que seamos servidores de los demás! Esta es de las cosas que más nos asemeja a Jesús, el cual «no ha venido a ser servido sino a servir.

Pidamos a Jesús misericordioso por la intercesión de María, Madre suya y nuestra, que nos conceda esta disponibilidad para servir a los necesitados, y concretamente a nuestros hermanos enfermos.

A veces el servicio a los enfermos puede resultar duro, pesado, pero estamos seguros de que el Señor no dejará de transformar nuestro esfuerzo humano en algo divino.

A todos los que están al servicio de los enfermos y de los que sufren, les deseo que estén animados por el ejemplo de María, Madre de la Misericordia.

Encomendemos a la intercesión de la Virgen nuestras ansias y tribulaciones, junto con nuestros gozos y consolaciones, y dirijamos a ella nuestra oración, para que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos, especialmente en los momentos de dolor, y nos haga dignos de contemplar hoy y por toda la eternidad el Rostro de la misericordia, su Hijo Jesús.