Cuando el demonio se disfraza de terrorismo

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Cuando el demonio se disfraza de terrorismo

 Cuando el demonio se disfraza de terrorismo
Más allá de las precauciones de seguridad, espiritualmente, ¿ Debemos temer al Terrorismo?

 

La escalada de violencia y crueldad, que ha desatado el terrorismo internacional, amenaza a las sociedades de hoy, no sólo a aquellas que lo sufren todos los días, como Siria, Iraq y Nigeria, etc., sino a todo el mundo, que se ha visto sacudido por ataques en las grandes capitales (Bruselas, París, New York, Madrid, Londres,  y otras.), en los últimos 15 años.

Nadie está exento de la amenaza, incluso en países que parecen estar geopolíticamente alejados de la las tensiones de medio oriente y Norte y Centro de África, como evidenciaron los atentados en Buenos Aires, Argentina, de los años 90.

Estos hechos han generado una reacción colectiva, que se potencia hoy, desde el llamado estado islámico, por las horrorosas imágenes de crueles ejecuciones, que nos llegan por el internet y la televisión.

Los últimos Papas, no han dudado en afirmar, que esconder la violencia contra inocentes, detrás del nombre de Dios, es algo inaceptable. Y tan inaceptable lo es, porque responde a una inspiración demoníaca, y de las peores.Los demonios son seres espirituales (según enseña el magisterio de la iglesia no tienen un cuerpo físico, aunque puedan tomar una apariencia corpórea, o dirigir los actos de algún otro ser, hombre o animal, mover objetos y realizar manifestaciones sensibles de su presencia).

Al no tener cuerpo físico su pecado no puede ser el de lujuria, gula, avaricia o pereza. Sino que sus pecados son el orgullo, la envidia, y la ira.

Los demonios son muchos y todos unidos entre ellos, por su rebeldía a la voluntad de Dios. Así como los ángeles actúan como mensajeros de la voluntad de de Dios y buscan influir en el hombre para su bien, los demonios intentan apartarlo de Dios valiéndose de la mentira, el temor y el homicidio.

Los demonios como seres espirituales son inmensamente más inteligente que el hombre. Pero no dejan de ser creaturas, y como tales, infinitamente limitados frente a Dios todopoderoso. Sólo el vivir una vida de espaldas a Dios, puede darle al demonio la primacía sobre las almas.

La estratagema del diablo, en este caso, es usar el terrorismo para perder a las almas:

Así, frente a los musulmanes fanáticos, usa el odio, el deseo de venganza, el morbo, la notoriedad que les da entre la juventud fanática, la falsa promesa de paraíso, se disfraza de Ángel vengador, mientras ofrece la gloria, o poder, para inducir al mal. Esto en distinta manera sucede con los extremistas judíos (como los recientemente detenidos por festejar la muerte de un bebé palestino en una boda), y con los reaccionarios cristianos (como los de África Central)

Frente a los ateos, y aquellos que se muestran indiferentes a lo sobrenatural: El demonio usa el disfraz de Ángel paladín de la libertad individual amenazada por el terrorismo, para en ocasión de la amenaza de un mal inminente, profundizar el aletargamiento de la sociedad occidental dormida en su egoísmo, y culpando de todo mal a las religiones en general sin distinción, enaltecer la defensa de los “derechos de blasfemia”, como en el caso de los condenables atentados, al Pasquín Blasfemo Francés, Charlie Hebdo; o levantar en alto las banderas del consumismo, en nombre del “sagrado estilo de vida americano”, y otras desviaciones que se refuerzan frente al miedo.

Frente a los deístas, panteístas, y cristianos no practicantes, o practicantes pero de formación no profunda o equivocada: El demonio, se disfraza de Ángel del pesimismo antropológico fatalista, para desde el miedo y el rechazo que naturalmente nos provoca el terrorismo, dejar el falso mensaje de que Dios pierde frente al mal, y ahogar su búsqueda espiritual, y cerrar sus caminos hacia la Gracia de Dios.

Esta tentación en realidad puede afectar a todos los creyentes. Incluso muchos Santos han dejado sus crónicas de como el demonio trabajaba en ellos incesantemente para que perdieran su Amor y fidelidad a Dios, por el camino de la desesperanza frente a un mundo que no pocas veces parece un campo estéril para el que quiere sembrar las semillas del Evangelio.

Es indudable que el demonio se sirve del terrorismo para intimidar a todos los hombres y quitarles su confianza en Dios. En cada terrorista no hay un demonio, sino un hombre, pero de estos hombres y sus organizaciones, se sirven los demonios que quieren que vivamos una vida de miedo para intentar que nos rindamos a ellos.

¿Debemos temerles? No.

Aunque podamos tomar precauciones para no exponernos inútilmente frente al peligro; no debemos temer a los terroristas, que por inspiración del demonio, puedan hacer uso del homicidio cruel y alevoso de inocentes, esos demonios que los inspiran sólo tienen poder sobre nosotros si se lo permitimos. Cristo es infinitamente más poderoso y los demonios huyen ante la única mención del nombre de Jesús.

Y no sólo eso. A todos nosotros se nos ha asignado un ángel de la guardia que está siempre a nuestro lado para protegernos de amenazas espirituales. Nuestro ángel de la guardia puede defendernos de los ataques de demonios, pero sólo lo harán si pedimos su ayuda.


El Señor nos mandó no tener miedo en muchas ocasiones, y en particular frente al peligro de vida nos dijo:  No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno  (Evangelio según San Mateo, 10:28).

El mismo Jesucristo lo testimonio con su Cruz y resurrección.
*El autor de esta nota, consultó para su redacción, al Padre Luis Montes, IVE, párroco de Bagdad, Iraq